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NOMBRE: |
MUSEO DE LA CUCHILLERÍA |
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TIPO: |
MUSEO |
Sobre una superficie de 1800 m2, dividida en dos plantas, en el palacio “Casa de Hortelano” en el mismo corazón de Albacete, abre sus puertas este museo dedicado a recoger los elementos materiales que integran la memoria de un arte propio de esta ciudad y su tierra: la cuchillería.
Heredado de los árabes, el arte de fabricar todo tipo de elementos cortantes para uso cotidiano, defensivo, manufacturero, gastronómico, etc, se ha centrado en la ciudad de Albacete y lugares de su entorno provincial. Se conocen navajas, puñales, cuchillos de monte, tijeras en mil maneras y con diversos gustos realizadas, desde el siglo XV.
Este museo tiene dos ámbitos bien diferenciados: uno ofrece la Colección histórica y muestra la evolución del arte cuchillero a través de los siglos, y otro ofrece las mejores piezas que la industria albacetense del último siglo ha producido, en el marco de la Asociación de Cuchillería y Afines de Albacete
Las Colecciones
La llamada “Colección Caja Castilla La Mancha” debe su nombre a que en junio de 2002, Caja Castilla La Mancha adquirió la colección de navajas de Don Rafael Martínez del Peral y Fortón, Marqués de Valdeguerrero, que fue iniciada y formada por este señor a lo largo de 33 años recorriendo almonedas, chamarileros, rastros y mercados de ciudades, pueblos y caseríos españoles y extranjeros: una actividad que él mismo calificó de pequeña locura a la que dedicó tiempo y hacienda. Fruto de este esfuerzo surgió una variada colección compuesta de unas 500 piezas, cuyo valor está basado en la antigüedad, la belleza, la nobleza de los materiales empleados para su elaboración, el detalle y la precisión con que han sido ornamentadas, así como la diversidad de tipologías que ofrece, siendo todas estas piezas fruto del trabajo de artesanos de diferentes poblaciones españolas y de otros países. Esta Colección Caja Castilla-La Mancha ofrece por tanto una visión global de la producción cuchillera a nivel europeo y nos permite establecer semejanzas, concordancias e identidades para pasar del plano local al universal.
Recientemente, el albaceteño don Jesús Vico Monteoliva, correspondiente de la Real Academia de la Historia en Albacete, ha donado a este Museo una serie de piezas que avaloran grandemente su contenido, pues por su antigüedad, procedencia y características dan una nueva dimensión al Museo de la Cuchillería de Albacete que pasa de representar cuatro siglos de la Historia de la Cuchillería a treinta y seis siglos de la Historia del Hombre y su relación con la fabricación de herramientas de metal. En su donación se incluyen piezas de Egipto de la época del Imperio Nuevo, de Irán, Roma, Grecia del siglo XI a.d.C. y Centroeuropa con cuchillos godos y celtas.
La llamada Colección “Aprecu” es la formada con los fondos donados por la Asociación de Cuchillería y Afines de Albacete, que desde 1977 representa, gestiona, defiende y fomenta los intereses profesionales comunes de sus miembros e impulsa y promueve, al mismo tiempo, la propia actividad cuchillera. Es muy importante la actividad que consiste en convocar anualmente, desde 1981, el Concurso Regional Castilla-La Mancha de Cuchillería APRECU, y en el se presentan piezas magníficas que pasan a engrosar este museo.
El edificio
Joaquín Hortelano fue un acaudalado albaceteño que en 1912 encargó al arquitecto Daniel Rubio la construcción de un gran edificio frente a la que entonces era iglesia de San Juan, y hoy es Catedral de Albacete. El edificio se caracterizaba por una ecléctica fachada gótica con azulejos verdes, y desde entonces se le conoce con el nombre de “Casa de Hortelano”.
Daniel Rubio era por aquel tiempo el arquitecto municipal, habiendo realizado a principo de siglo edificios como el bello templete de música de la Feria, de depurado gusto modernista, el matadero municipal, y el emblemático edificio del Gran Hotel, en la plaza del Altozano.
Este edificio, con una superficie de 450 metros cuadrados, pasó a ser horfelinato o Casa Cuna, siendo adquirido, hacia 1980, por el Ayuntamiento de Albacete, dedicándolo luego a sede del Consejo Social de la Universidad de Castilla-La Mancha y posteriormente de la Policía Local.
Finalmente, y cuidando al máximo sus elementos estructurales y exteriores, ha sido remodelado para albergar este Museo, cuya inauguración ha tenido lugar en septiembre de 2004. El proyecto ha sido dirigido por los arquitectos sevillanos Miguel Hernández Valencia, Esther López Martín, Juliane Potter y Francisco José Domínguez Saborido.
Horario: Abre diariamente. Por la mañanas, de 10 a 14 y por las tardes de 17:30 a 20 h. Cierra los lunes.
Pocas veces la imagen de una comunidad está tan ligada a un producto artesanal y tan representada por el como la ciudad de Albacete por la navaja, y muchos son los escritores, locales y foráneos, que se han hecho eco de esta indisoluble unión. Hasta hace veinticinco años todavía salían los navajeros, con el enorme muestrario alrededor de la faja, a los trenes y autobuses para ofrecer las navajas y los cuchillos a los viajeros; hoy ha desaparecido de las estaciones esta ancestral imagen.
Tal es la fuerza del emblema, que aun se mantiene la tradición entre los albacetenses de no regalar la navaja ni a un amigo, sino de vendérsela, a cambio de un precio simbólico, porque de no hacerlo así se "cortaría" la amistad.
Algunos autores, como Hermosino Parrilla, en 1765, o Merino Álvarez, en 1915, o Rodríguez Lorente, en 1967, han afirmado, sin indicar las fuentes en las que se han basado, que esta actividad fue heredada de los musulmanes; algunos caracteres estilísticos a iconográficos de las piezas y varios indicios documentales indirectos así parecen indicarlo, pudiendo ser la vecina Chinchilla, que fue enclave de cierta importancia en época islámica, la que influyera en ello.
Las primeras noticias que conocemos, muy escasas, proceden del siglo XV y dan la impresión de que por entonces la actividad cuchillera en Albacete no tenia aún relevancia. Del siglo XVI conocemos, igualmente, pocas referencias, pero algunas pueden indicar cierto desarrollo, y de esta época son los ejemplares mas antiguos de los que tenemos constancia: unas pinzas realizadas en 1573 por un maestro apellidado Torres y unas tijeras que pertenecieron a la colección Rico y Sinobas. De la segunda mitad de la centuria ya tenemos testimonios documentales con nombres de varios espaderos y cuchilleros albacetenses.
Del siglo XVII hay muchos testimonios y se conservan numerosas piezas fechadas en el ultimo tercio de la centuria, lo que significa que por entonces, sin que sepamos con certeza ]as causas de ello, Albacete ya contaba con una destacada y consolidada manufactura de cuchillos, puñales, navajas y tijeras. El 90 % de los talleres estaban situados en la calle Zapateros y un pequeño grupo, el 16 % de los censados, en la Puerta de Chinchilla. El emplazamiento y los nombres de muchos maestros y oficiales espaderos y cuchilleros de la villa en el periodo se conocen, en gran parte, gracias a las investigaciones realizadas por Martínez del Peral; entre los menestrales destacaban algunos que Ilevaban los apellidos Alcaide, Arias, Benítez, García, Gómez, Martínez, Montero, Torres, Vicén Pérez y Ximénez.
Tanto los testimonios documentales como las obras ya son abundantes en el siglo XVIII; es, sin duda, una época esplendorosa de la cuchillería albacetense, a pesar de que la legislación restrictiva y prohibitiva que afectaba a buena parte de la producción comenzó a ser muy abundante a lo largo del siglo y de que el sistema gremial comenzaba su decadencia y poblaciones renombradas en esta actividad, como Toledo, estaban en aguda crisis. Solamente los talleres de algunos centros catalanes y los de Albacete mantuvieron un alto nivel productivo y artístico; cuando, hacia 1765, Hermosino Parrilla compara las realizaciones de ambas zonas, escribe que "todas las piezas (las de Albacete) son curiosas, y excelentes, tanto que en lo fume igualan a las barcelonesas, pero en lo grabado las exceden". Los aportes documentales del citado Martínez del Peral permiten conocer que el emplazamiento de los talleres se diversifico con respecto al del siglo anterior, no localizándose en núcleos tan bien delimitados y concentrados como antes: la calle Zapateros, con el 32 % de las domiciliaciones, seguía siendo el centro del foco más importante, pero, tanto ella como la zona de su alrededor, pierden peso en el conjunto de la villa ya que allí solamente quedaba el 40 % de los menestrales; por el contrario, la zona en torno a la Puerta de Chinchilla no solo mantuvo su importancia, sino que se expandió por algunas calles limítrofes.
A finales de siglo trabajaban unos dieciocho maestros cuchilleros y a lo largo de la centuria encontramos excelentes artífices, unos que llevan los apellidos anteriores, otros que los tienen nuevos, como Arcos, Castillejos, Cortes, Garixo, Griñán, León, López, Munera, Romero, Sevilla y Sierra.
En el siglo XIX son numerosos y unánimes los testimonios que indican que la cuchillería albacetense era conocida en toda España y en diversos lugares de Europa; en este sentido se manifiestan todos los informes económicos, manuales, diccionarios y libros de viajeros de ese tiempo, y en ellos podemos encontrar los primeros datos de la producción, con frecuencia contradictorios, información esta completamente desconocida para periodos anteriores.
Hay que destacar tres características significativas para este siglo: por un lado, la indiscutible celebridad y considerable producción que había alcanzado la cuchillería albacetense a pesar del duro enfrentamiento comercial con las producciones extrajeras, francesas especialmente, que invadían el mercado español, y de las restricciones que una rigurosa legislación prohibitiva imponía; por otro lado, la nula referencia que se observa en todas las fuentes con respecto a las tijeras, lo que coincide con la practica inexistencia de piezas conservadas, circunstancia que nos hace pensar que las espléndidas tijeras de escribanía dejaron de fabricarse a partir de principios de la centuria; finalmente, la creciente implantación de los procedimientos de seriación industrial.
En esta centuria se puede seguir apreciando el progresivo desplazamiento de los obradores desde la zona oeste de la villa a la opuesta del este/nordeste, y de tal manera que en 1847 se concentraban en el drea que tiene como centro la Plaza de las Carretas el 65 % de los cuchilleros; cuarenta años después, en 1887, el barrio de San José en el que estaba ubicada la zona dominante anteriormente nombrada reunía el 60% de las fraguas; solamente en la calle de Santa Quiteria vivían más del 20 % del total de un censo en el que se incluían los nombres de 58 personas, todo hombres, que tenían como profesión la cuchillería.
A finales del siglo XIX, el sector tenía considerables dificultades para vender sus productos y con esta técnica comenzó el recién concluido siglo XX. Los datos que reflejan la bibliografía y la documentación son, frecuentemente, contradictorios, seguramente porque una coca era lo que recogía la estadística oficial, en especial la que tenia fines contributivos y que, por ello, se elaboraba en función de determinados criterios y condiciones, y otra muy distinta la situación real. Las fabricas mas destacadas por entonces eran las de Justo Arcos Aroca, López y Compañía, Sánchez Hermanos, Joaquín Zafrilla y La Industria; algunas ya con la incorporación del motor eléctrico.
Un documento de 1908 nos muestra el proceso de transformación que se estaba produciendo en el sector cuchillero de la ya ciudad, con la polarización del mismo en fábricas, escasas, y en talleres, numerosos y, a veces, muy pequeños y familiares; en las primeras, la producción dejaba de ser totalmente artesana y se convertía en plenamente industrial, en línea con la tónica del modelo de industrialización que se crea en las dos primeras décadas del siglo, favorecido después por el periodo de auge que para los cuchilleros de la población significo la Primera Guerra Mundial, y cuyos rasgos estructurales se mantendrían hasta mediados de la década de los cincuenta; en este periodo aparece un grupo de empresarios dispuestos a invertir y a arriesgar en proyectos mercantiles, industriales y financieros. En 1925 funcionaban doce fábricas de navajas y cuchillos, además de varios pequeños talleres; unos cuatrocientos operarios producían anualmente más de treinta mil docenas de navajas.
Sánchez Sánchez indica que en 1930, las catorce mayores empresas cuchilleras ocupaban a cuatrocientos treinta y cuatro obreros y que ocho superaban las cien docenas de piezas anuales, alcanzando cuatro de ellas la producción de ciento cincuenta docenas de navajas cada semana. La capacidad total del conjunto era de sesenta y dos mil docenas anuales, pero la escasez de la demanda había pasado la época de bonanza que supuso la contienda bélica mundial y reducía la producción a unas cuarenta mil.
En la época de los años cincuenta, en pleno aislamiento español, apareció una crisis que se puso claramente de manifiesto entre 1955 y 1959: solamente tres talleres pasaban de diez obreros y tan solo uno tenía mas de quince; sobre ella incidió, nuevamente, la adversa legislación, ya que en 1945 se publicaba una ley que prácticamente ha llegado a nuestros días, prohibiendo las navajas cuyas hojas puntiagudas excedieran de once centímetros. Surgieron y se multiplicaron los almacenistas que se dedicaban a facilitar material a los pequeños talleres y a comprarles la producción, compitiendo así ventajosamente con las fábricas al no tener gastos sociales. Los pequeños talleres, para abaratar la producción, realizaban un trabajo a domicilio especializado en una fase determinada de la elaboración, que se ejecutaba a base de métodos artesanales; luego, el proceso se completaba con la concentración de las piezas en determinados obradores para su montado y acabado. Este trasiego de unos talleres a otros dejando y recogiendo la "faena" era notorio, tanto, que la de ver a los aprendices recorriendo las canes en bicicletas con cestas situadas delante del manillar o cajas sujetas por encima de la rueda trasera se convirtió en una estampa ciudadana característica.
El desarrollo de tres o cuatro empresas, favorecido por la Feria Nacional de Cuchillería de 1965, y por los de las que posteriormente se sucedieron, dio impulso a esta industria, que inició la búsqueda de nuevos mercados. En 1971, unos cien pequeños talleres trabajaban en conexión con las cinco firmas más destacadas (cuatro de Albacete y una de Madrigueras) que dirigían el proceso.
En 1975 había 74 empresas cuchilleras con un total de quinientos trabajadores, siendo unas cuarenta de tipo familiar. A partir de entonces, las fabricas comenzaron a conseguir una gran expansión, alcanzando una producción de mas de cinco millones y medio de unidades, de las que se exportaban al extranjero una pequeña parte, que alcanzaba el 1'5 % del valor total. Esta industria cobraba gran importancia en el ámbito nacional, ya que las provincias de Albacete y Ciudad Real tenían el 58 % del total de empresas censadas en todo el estado.
Durante los años siguientes se fue produciendo la progresiva modernización de muchos de los establecimientos, aunque, frecuentemente, con un irregular ritmo de implantación motivado por causas de diversa índole, estas transformaciones dieron como consecuencia una clara polarización en fabricas bien mecanizadas y con producción en serie de navajas, cuchillos, cuberterías, etc., y en talleres pocos y en fase ya residual , donde se continuaba trabajando con procedimientos aun esencialmente artesanales y en los que, sin embargo, se seguían creando las piezas que proporcionaban prestigio artístico a la cuchillería de la ciudad. Pero junto al despegue, otra vez las restricciones legales: en septiembre de 1981 nuevas disposiciones prohibían determinados tipos de navajas y oscurecían el horizonte productivo; como hacia siempre, el sector supero los obstáculos haciendo use de sus cualidades características: esfuerzo, constancia a imaginación.
Hoy hay unas setenta empresas, emplean a casi dos mil personas y producen por valor de unos diez mil millones de pesetas anuales, sin tener en cuenta el de las industrias auxiliares; de ellos, alrededor de dos mil quinientos proceden de la exportación.
Durante el último cuarto de siglo, la inmensa mayoría de los establecimientos han ido cerrando o abandonando las zonas tradicionales, produciéndose otra traslación de las cuchillerías, hecho que ha dado lugar a una nueva nuclearización, ahora solamente de fabricas; actualmente casi todas se encuentran en el Polígono Industrial "Campollano".
Nuevos bríos emanan de la cuchillería albacetense; la creación de FUDECU es una viva muestra de ello y fruto de su actividad es la puesta en marcha de la Escuela de Cuchillería; con ella, como dice la tradición que musitaban los maestros de antaño cuando templaban las hojas, "...buen temple habremos, si Dios quiere".
Pl. de la Catedral, s/n
02 001 Albacete (ALBACETE)
Entrada: 2 Euros. En grupos: 1 Euro por persona. Jubilados y estudiantes, 0,5 E. Menores de 16 años, gratis. Tienda con recuerdos, libros, pequeñas piezas de cuchillería.
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