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NOMBRE: |
MUSEO DE ESCULTURA ANTONIO NAVARRO SANTAFÉ |
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TIPO: |
MUSEO |
El Museo Antonio Navarro Santafé de Villena, está dedicado a la vida y obra del escultor. El museo se ubica en la planta baja de la que fue la casa del escultor villenense. La concepción del museo es una idea del propio artista, quien acondicionó la planta baja de su casa como estudio.
Se ha especulado muchas veces acerca de la dudosa utilidad del prólogo como obligado pórtico de una obra, argumentando que solo la voz del autor debe oírse en ella. Ya Cervantes, en el que él mismo escribe para su más celebrada creación literaria deja traslucir con aquella sutil ironía que constituía una de sus características, cierta amable sátira sobre la presuntuosa pedantería de los prefacios que en aquel tiempo se utilizaban y acerca de ".... los elogios que al principio de los libros suelen ponerse". Olvidemos que lo que ridiculiza y desaprueba en el "Quijote", permite y tal vez propicia que aparezca en "La Galatea" según hace notar Clemencín, su más conspicuo comentador.
No obstante, hábito establecido y antesala acostumbrada son: Y la cita anterior viene a demostrar que desde hace siglos está arraigado el uso. Respetémoslo y aun pensemos en este caso concreto, que no se ofenderá el lector porque, aunque él sea o suficientemente avisado para sacar sus propias consecuencias y apreciar cuanto de valioso posee la presente obra, destaquemos algunos aspectos de ella que tal vez pudieran pasar inadvertidos.
Quien esto escribe gozó de la estimación personal del biografiado; Navarro Santafé me distinguió con su amistad durante aquella última época de su vida en a que volvió a sus orígenes, a esta Villena a la que tanto amó. Pero a pesar de ello, la lectura de estas páginas me ha deparado la sorpresa de que aquel amigo reunía muchos más valores de los que en él supuse a través de los contactos que mantuvimos en aquellos años. Al margen de su obra y su quehacer artístico, Antonio Navarro fue, e incontables detalles de esta publicación así lo corroboran, un hombre bueno de grandes valores humanos, fiel, sincero, sencillo y humilde. "Un hombre breve que no tenía sombra (¡para menos tener!)", como él decía de sí mismo. Y la imagen que conservo en mi mente acerca de sus cualidades, se agiganta ahora a la luz de cuanto en este libro se desvela.
Hay otra imagen a modificar para quienes no tuvimos ocasión de profundizar en las claves de su personalidad. Sabemos de su infancia llena de sinsabores y de su temprana entrada al mundo del trabajo, con el fin de conseguir una pequeña ayuda que llevara a paliar la precaria situación de la familia. Y parece que su llegada a la actividad artística sin estudios, sin la indispensable base de unas sólidas enseñanzas, le convierte en un escultor intuitivo, alguien que destaca a despecho de técnicas no aprendidas y sin el apoyo de un indispensable bagaje cultural al que no le fue posible acceder. Y no es así: la lectura de las memorias que escribe referidas a sus creaciones artísticas, las de sus cartas, sus documentos, muchos de sus actos incluso, nos muestran a alguien que supo adquirir una formación autodidacta poco común, que unida a su exquisita sensibilidad, hicieron de él un hombre pleno, capaz de unir a su innata predisposición un profundo conocimiento y un total y abarcador sentido de su actividad artística.
Y todo ello, esta sensibilidad a flor de piel, este profundo conocimiento de los hombres y de las cosas, le llevó a que sus no escasas desventuras fueran para él mucho más dolorosas. Y a que ante las demostraciones de simpatía o afecto que recibía, se abriera a los demás desbordando en atenciones y halagos a quienes tenían para él siquiera fuese un concepto amable. Pienso a este respecto, que nadie ha hecho un canto a nuestra ciudad como el emocionado testimonio, debido a su pluma, que recoge la Revista "Villena" de 1983, estremecido de palpitante amor a su pueblo, acrecentado en aquella concreta ocasión por los honores que se le habían tributado durante el año anterior.
De todo ello, y de tantas otras cosas referidas a su figura tendrá el lector más extensa noticia, datos más prolijos y testimonios de la más variada índole, en este libro que ha escrito Pedro Hernández Hurtado sobre la vida y la obra del escultor villenense. Pedro Hernández, que tuvo la amistad del artista, que mantuvo con él múltiples conversaciones, que recibió sus confidencias, que ha manejado infinidad de documentos, recuerdos y testimonios que Navarro dejó, ha escrito una obra singular con entusiasmos de mozo, con cálida y emocionada dedicación. Una obra apasionada que, sin perder el rigor objetivo, trasluce claramente la estrecha amistad que unió a estos dos hombres durante los últimos años de la vida del escultor. Pasión, amistad, afecto, que no han sido obstáculo para una obra detenida rigurosa, henchida de datos, aspectos y circunstancias que nos permiten conocer la vida de Navarro Santafé junto a una descripción minuciosa de sus obras y de los pormenores y avatares que concurrieron en su creación. Y si bien esto último no abarca la "opera omnia" del artista, labor imposible acerca de quien tanta y dispersa obra tiene en nuestro país, sí recoge, en cambio, lo más famoso y destacado de su producción.
Mucho han de agradecer a Pedro Hernández Hurtado quienes por razones de amistad, de paisanaje o de simple curiosidad quieran acercarse al conocimiento de la trayectoria vital y artística de Navarro Santafé. Pero hay algo más latiendo en el libro que, tal vez sin proponérselo, revela el autor. Pienso que si los méritos artísticos de Navarro fueron notables, ya en muchos aspectos singulares y aun descollantes, hubo algo más importante en el biografiado, y a lo largo de esta obra existe una implícita demostración de ello: su bondad, su humanidad, en tan alto grado poseídas, que fueron todavía mejores y más estimables características. Finalicemos con la conclusión de que el más excelso artista, el mayor creador, el genio más elevado, nunca llegará a la plenitud si no une a su obra esos valores intrínsecos que son el mejor título que puede alcanzar un ser humano.
Nació Antonio Navarro Santafé en Villena, una relevante localidad de la provincia de Alicante, con rica huerta, hermosas fincas dentro de su amplio término municipal, el 2º en extensión de la provincia. Artesana, industrial, marca de Castilla y su primer Marquesado, y con títulos de Muy Noble, Muy Leal y Fidelísima Ciudad orlando su Escudo flanqueado con los cuarteles de León, Castilla y la mano alada de los Manueles. Asentada al pié de imponente sierra y presidida por el altivo castillo atalaya, que fue romano y púnico, luego poderosa plaza fuerte árabe, luego entregado por el Rey Enrique II como merced a su amigo el poderoso D. Enrique de Aragón, a quien hizo primer Marqués de Villena; más tarde por otra concesión real se le dio a aquel famoso Pacheco, aquel que casi estuvo a punto de variar la Historia de España al poner su bandera junto a la pretensión de la hija de Enrique IV, que con el mismo título lo reconstruyó y elevó más su altiva torre del Homenaje, incrustando orgulloso en sus frontales sus cuatro más altos Escudos, que en ella perduran.
Nació Antonio Navarro el 22 de diciembre del año 1906, en una balconada casa sita en el nº 8 de la Calle de Cervantes, 7º hijo del matrimonio formado por Miguel Navarro Perona y Virtudes Santafé Marcos, ambos también de Villena, del que hubieron 9 hijos: Isidoro, Santiago, Juana, Miguel, José, Josefa, Antonio, Celia y Gloria. El mismo me describió a sus padres así:
"Mi padre, un labrador, muy trabajador, muy honrado, "ideista" y algo poeta, pero... con poca suerte. Su única suerte fue casarse con una honrada y santa mujer, toda bondad y delicadeza, que bordaba maravillas".
A su hermano mayor, Isidoro, le vino pronto estrecho el pueblo y con dos amigos, Ricardo Menor y un tal Cheminades, se marchó a la Argentina, a Buenos Aires. Meses después regresó Ricardo Menor, poeta, que montó su industria de licores bien conocida y con el que Antonio siempre mantuvo fraterna amistad. Pero Isidoro y su amigo Cheminades se quedaron allá. Isidoro, con grandes aficiones artísticas, que dedicó al naciente arte de la cinematografía, como director. Fundó Estudios, consiguió premios importantes y murió allí a los 51 años. Sus animosas cartas movieron, poco después de su marcha, a que se decidieran a seguirle sus hermanos Santiago y Miguel y también, después de pensarlo mucho, su propio padre, lo que hizo hacia el año 1910 por ver si, ya que aquí parecía que no, tenía suerte en aquellas lejanas tierras.
Recordaba Navarro que el primer escultor de su familia fue su hermano Pepe, que modelaba en su casa soldaditos y cañones de barro, que secaba al sol y que cargándolos de pólvora los disparaba haciendo estragos en las filas de sus soldados de primor. Antoñico, como familiarmente le llamaban, imitaba a su hermano y su mejor entretenimiento era modelar figuras con barro. Modeló la figura de un personaje típico que por entonces vivía en Villena, llamado "El tío Zampabollos". Un hombre gordo, con su sombrero, su cadena y su reloj, sentado al lado de un árbol que tenía en su copa un pajarito.
También modeló de niño "los Pasos" del Calvario, "las Cruces" de su pueblo. Y pintaba en todas las paredes de la "cambra alta" de su casa, con colores procedentes de una famosa mina de hierro abandonada, de cuya actividad no quedaba recuerdo, y se conocía y se conoce por la Mina de los Colores, pues que todavía existe en la meseta de la Sierra de San Cristóbal, a cuyo pié se extiende Villena. Esto me contaba como sus primeros recuerdos en el arte al que dedicaría su vida.
TRASLADO DE LA FAMILIA A MADRID
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La difícil vida de la familia se fue agravando con la marcha a América del padre y los hermanos mayores. Las pocas tierras familiares no rendían para su sustento, ni de América llegaban ayudas. Por lo que su madre, viendo que crecían las deudas y confiando en el consejo de unos parientes de Madrid, decidió levantar la casa y trasladar la familia a la capital en la esperanza de hallar en ella mejor horizonte para sus otros 6 hijos que quedaron con ella. Y así vendió las tierras, los aparejos y la caballería y hacia 1913 marcharon a Madrid. Tenía Antonio 7 años. En la Villa y Corte se instalaron en un piso, el 3º del nº 9 de la calle de Atocha.
El mayor de estos 6 hermanos, José, con sus solo 11 años, se colocó con un sastre y era el único que trabajaba. Con su solo pequeño jornalillo como aporte, el poco dinero que la madre llevó por la venta de las cosas de Villena no tardó en acabarse. Al cabo de dos años vino la total escasez.
TIENE QUE ABANDONAR LA ESCUELA. HAY QUE TRABAJAR
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Antonio, desde la llegada a Madrid, iba a una Escuela Municipal, en la que aprendió sus primeras lecciones de Matemáticas, Gramática, etc., pero con escasos 11 años tuvo que dejar la Escuela para ver de ganar algo y ayudar a su hermanos en traer algo a casa. Con los primeros pantalones largos se encontró de Portero en los soportales de la calle Toledo nº8, aunque por poco tiempo, por haberse contratado con un vendedor de zapatos para llevarle la caja de los fabricados acompañándole al domicilio de sus clientes. Era de Elda, se llamaba D. Antonio Carazo, vivía en la calle de San Bernardino y lo contrató por la comida del mediodía y 50 pesetas al mes.
La economía familiar iba de mal en peor y como ya les era imposible pagar el alquiler se trasladaron a un piso más económico, en la calle Palos de Moguer nº 35. Era un cuarto bajo, húmedo y oscuro, pero allí casi en seguida, su hermano José se atrevió a instalar su primer y modestísimo taller de sastre. Las hermanas, Juana y Pepita, encontraron trabajo en la Fábrica de Perfumería "Floralia", que estaba vecina, y el futuro escultor en una frutería, verdulería y pescadería de un paisano, amigo de su padre, que le llamaban "el Jalmero", a quien dejó a los pocos días porque le obligaba a vocear los artículos y, dándole esto vergüenza, se marchó de allí diciéndose: "Vocear ¡Que vocee su tía!."
Poco después se colocó de Botones en la Sombrerería del Sr. Vilasante, en la calle de Alcalá, Sombrerero de Cámara de SS.MM., para llevar los sombreros entre otros importantes personajes al Conde de Romanones, de la Cimera, Marqués de Villabrágima, Conde de Mayalde. Iba en alpargatas, lloviendo o sin llover; pero recibía propinas y pronto se compraba un "rajao", un panecillo de cuatro bolas, que desaparecía como si nada, porque para sus 12 años todas las bolas eran pocas. Eran en Madrid los tiempos de Fornos, de la Maison D'Oré, del Apolo. A personas que veía tras aquellos cristales llevaba a su casas "hongos", "copas", "canotiers", "extenson", "lok" y "borsalinos" y bastones con cabecitas de perro.
Pero su gran afición no le abandonaba. Donde se hallara, como entretenimiento era hacer con barro figuras, caras, toros, que regalaba, a veces, hasta a las mujeres de la cola de la tahona donde iba por el pan. Entre los chicos de su edad era amigo de un hijo del Teniente Coronel de la Guardia Civil del cuartel cercano a su casa, en la calle Batalla del Salado. Su amigo le dijo que en la Fábrica Floralia, en la que trabajaban sus hermanas, que estaba en la esquina de aquella calle con fachada a Santa María de la Cabeza, que había visitado recientemente con su padre, había visto un Departamento de Propaganda en el que estaban los dibujantes Penagos, Rivas, Duvon y otros y que por ser su amigo si quería le diría a su padre que le recomendara para entrar allí, dadas sus aptitudes para el dibujo. Tenía entonces 14 años y fue ocasión muy importante en la futura orientación de su vida. La recomendación fue efectiva y le llamaron para Botones en la oficina, donde aprendió a copiar, foliar, y archivar y, entre algún que otro recado ir diariamente por la correspondencia. En las horas libres iba al Departamento de Propaganda y copiaba y copiaba todos los dibujos que veía, con su admiración por aquellos famosos artistas. Allí los conoció a todos y especialmente a Karikato, uno, como aquellos, de los grandes dibujantes de su época.
Todo le admiraba y de manera indeleble, aunque sin darle importancia entonces, le quedó gravado aquel muchacho que, con buen corro de público ante el Palacio de Comunicaciones, que veía él cuando iba por la correspondencia, cómo con bastante eficacia modelaba en barro, ante sus espectadores, una cabeza de toro que inmediatamente terminada vendía por un duro para en seguida comenzar otra para otro encargo del mismo público, con lo que se admiraba cómo en cosa que a él le parecía tan fácil se ganaba el muchacho unas buenas pesetas.
La posibilidad de dibujar siguiendo la línea de aquellos grandes maestros que le ofrecía el Departamento de Publicidad, aunque su aprendizaje fuera clandestino, le produjo tal despertar de sus facultades apasionadas que, enterado que en próximos días se iba a celebrar una fiesta en la Empresa con motivo del cumpleaños del Director, que era Don Alejandro Berenguer, hermano del General Don Dámaso Berenguer, por entonces Alto Comisario de España en Marruecos, hizo un
DIBUJO A CARBONCILLO
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de una de las fotografías de éste que publicaba una Revista y el día de la fiesta se lo entregó personalmente a su Director como su obsequio. Tal complacencia le produjo que, al inquirir allí mismo sus circunstancias y enterarse de su gran inclinación, manifestó ante todos los asistentes que tomaba al muchacho bajo su protección y se ocuparía de costearle los estudios necesarios para que desarrollara su vocación artística.
EN LA ESCUELA DE ARTES Y OFICIOS
Efectivamente, al día siguiente lo matricula a su expensas en la Escuela de Artes y Oficios, calle del Marqués de Cubas, y le compra pastelina para modelar, palillos, pinturas y alternando sus clases de dibujo con sus Maestros Oliva y Villegas, asiste a las clases de modelado y talla con José Capuz y Julio Vicent a quienes con el pintor Blanco Coris había sido presentado por su protector. Clases nocturnas, porque de día tenía que atender su trabajo en la Fábrica, al par que los domingos iba al Casón del Retiro para dibujar las obras clásicas que allí se exhiben. A las clases de modelado y talla de Capuz y Julio Vicent asistió durante algo más de dos años.
Destina su primer obra de modelado a su protector D. Alejandro Berenguer, consistente en un medallón. Un amigo de la familia que se admira de la habilidad del joven lo recomienda al escultor Orduña, entonces de moda, y éste lo recomendó al escultor José Ortell, valenciano, de Villarreal, que se había situado en primera fila cuando ganó su primera Medalla. Decía que éste fue su director definitivo y quien más influyó en él. Había sido discípulo de Benlliure, sin embargo su arte y sus creaciones no se parecían en nada a la línea de su maestro. Pero cosa singular y extraña, supo infundirselo a él para sus obras animalistas. Allí intensifica el dibujo por concreta recomendación del Maestro, que le exige dibujo y dibujo antes de dejarlo modelar. Tras algunos meses comienza a modelar alguna mano, cabezas y él mismo se nota el cambio en la calidad de su trabajo. Sigue siendo estudioso y tenaz, como desde que iba a la Escuela primaria de chiquillo era, en el recuerdo aquel día en que el Maestro, en la clase de lectura, lo puso de ejemplo a sus compañeros diciéndoles: "Mirad como lee de bien este niño, pese a su tartamudez".
En aquel estudio del escultor Ortell modeló su primera obra de importancia. Es su estudio de una cabeza de hombre que tituló CAMPESINO. La llevaba en la idea y la trabajó con la enorme ilusión de sus casi 17 años. La presentó, vertida a bronce, en la EXPOSICION DE OTOÑO, cuya circunstancia narramos en el capítulo de OBRAS.
Ya tenía la experiencia de otras obras, porque bien en el Estudio y más en su propia casa aquel muchacho ilusionado y estudioso, que lee cuanto cae en sus manos sobre arte se encuentra con la leyenda de Sísifo, el fundador de Corinto, que por haber engañado a Hades al morir es condenado a estar siempre subiendo un enorme peñasco a la cima de la montaña sin alcanzarla nunca, siempre volviendo a intentarlo y hace, según se imagina ésta figura, que con las siguientes él mismo clasifica hechas entre sus 13 y 16 años: TORMENTO DE SISIFO, en barro, y lo repite en bajorrelieve; GLADIADOR HERIDO, en barro; DESNUDO FEMENINO, en barro; TORSO DE HOMBRE, en yeso; TORSO DE MUJER, en yeso metalizado; CRISTO YACENTE, barro policromado (Obispado de Madrid); DOLOROSA, en terracota, que como primicia regala a su primer amigo, que luego alcanzaría fama como poeta, J. Antonio Ochaíta; GRUPO DE JOSELITO. NATURAL, que es su primera obra de toro y torero. Lo había visto torear y lo modeló recordándolo; MI ABUELITA, (medalla), yeso patinado que guarda su prima Rosa; ESTUDIO DE CABEZA DE HOMBRE, dibujo; y, CAMPESINO, cabeza, bronce.
Después de la Exposición de Otoño, tras el éxito en ella obtenido con su obra CAMPESINO, justamente animado en su vocación, se activa en obras y realiza entre sus 16 y 19 años: CHAPI, medalla de yeso que modela de una fotografía que publica la Revista "Villena Joven"; DOS CABEZAS DE NIÑO, escayola, que con la anterior regaló a su primo Ginés García, fabricante de sillas de Villena; COPIA DE SAN JUANITO DE DONATELLO, escayola, que regaló a su primo Diego García y 60 años después tuvo ocasión de verla en poder de un nieto, Martín Menor García; TODO POR LA PATRIA, grupo escultórico de un soldado con bandera que, herido, descansa sobre un ángel. Regalo a su protector Don Alejandro Berenguer Fusté.
En la misma época hace dibujos y acuarelas, tanto para la portada como para la ilustración de un libro de versos de Ochaíta, así como para el Concurso del Ayuntamiento de Villena LAPIDA PARA LA CASA DE CHAPI. Le conceden, el Primer Premio, pero no se realizó.
Ya en este ambiente de estudio y como definitivamente enderezada su vida por el camino de su vocación, su padre y sus hermanos, desde Buenos Aires, les llamaron y enviaron fondos para hacer el viaje. Se resistía su madre, tanto tal vez por la dudosa aventura como por tener que dejar a Antonio, que no podría ir con ellas, debido a que se encontraba próximo a su edad militar. Pero tuvo que decirse a marcharse con sus hermanas, dejando a Antonio en Madrid por tal causa.
De aquel período inicial pude, con él mismo, regular cierto orden sobre las obras de aquel tiempo, al par que recoger sus recuerdos sobre ellas y sus curiosos comentarios, que sirven para darnos idea de la tenacidad de este hombre, sobre todo tímido, siempre rodeado de dificultades económicas y a cargas del gran complejo de inferioridad que su acentuada tartamudez le producía.
Sobre las antes indicadas como las primeras, continuaron las siguientes, según sus recuerdos: BUSTO DE SU HERMANO ISIDORO, escayola, que se llevó a América, a Argentina.
Poco después de marcharse su madre y hermanas tuvo que dejar de trabajar en la Fábrica de Floralia y entró a trabajar en el taller de modelado Barrenechea, con la paga de cinco pesetas por hora de trabajo y permiso para, fuera de su tiempo poder modelar en el taller y así hace
Cuando está terminando un barro COMBATE DE CENTAUROS, entra en el taller su Maestro marmolista con quien también Navarro trabajaba para ganarse alguna peseta y éste le pregunta si aquella obra es suya. Al contestarle Navarro afirmativamente aquel lo refuerza diciendo que se lo había figurado porque parece del Maestro Ortell. Barrenechea le dice que se la lleva él a París, donde la funde, y al reclamarle el valor que del original le corresponde le contesta que lo que se hace en su casa es suyo. Navarro salió disparado aquel día de aquella casa dispuesto a no volver más a ella. Pero la necesidad...
... al siguiente día le hizo volver a aquella casa. Y de nuevo se volvió a encontrar con la misma piedra. De nuevo fuera de horas de trabajo, conforme estaba convenido, hace un RODOLFO VALENTINO, en barro, y Barrenechea se lo queda repitiéndole que lo que se hace en su casa es suyo. Pero una señora francesa que deseaba comprarlo, el día que entra para hacerlo le falta la cabeza. Al preguntar por ella Navarro le dijo que la tenia en su casa. Barrenechea se calló. Se fue la francesa a casa de Antonio, éste se la dio y ella le pagó 200 pts.
Realiza igualmente un RODOLFO VALENTINO, escayola policromada, que es un gaucho de cuerpo entero de 40 centímetros. Se lo regaló a su profesor de boxeo, campeón de lucha grecorromana y empleado delineante en la RENFE. Compañero suyo cuando era Botones de Floralia.
(Sobre su tiempo que practicó el boxeo me explica que el 1º y 2º round eran suyos y dejaba K.O., pero a partir del 3º perdía, por falta de aire. Era su problema de aire. Comentaba como convencido que un filósofo griego decía que cuando no hay aire el instrumento musical no suena. Así le pasaba a él, decía: ni para el boxeo ni para hablar tenía suficiente aire. Por eso era tartamudo y por eso dejó el boxeo.)
Al romper con Barrenechea, el duro que le daba por hora de trabajo lo echa mucho de menos. Necesita dinero para poner la comida diaria. y apretado por la necesidad no ve más solución que volver a Barrenechea. Y pacta con él dedicarse a crear modelos que Barrenechea firmaría, pero por los que él cobraría una mayor cantidad. Y así surgen, entre sus 19 y 26 años:
SAN ANTONIO, talla de 2 metros que está en al Iglesia de San Fermín de los Navarros, de Madrid; y 50 obras, con las que se hace la "EXPOSICION DE TEMAS VASCOS" en el Hogar Vasco, de Madrid, que se presentan todas en bronce y entre las que recuerda: IRITEMA prueba de bueyes; SAKINASKI, teatro vasco; LAYADORES, CHISTULARIS, VERSOLARIS, ESPATADANZARIS, LEVANTAPIEDRAS RECTANGULAR, LEVANTAPIEDRAS REDONDA, UZCUDUN, AIZCOLARIS, BARCA VENCEDORA, PELOTARIS, pala y cesta, REMERO, PELEA DE CARNEROS...
Fue un éxito la Exposición. Se vendieron todas las obras. Tras ello le hizo: PICABEA, Banquero. Bronce para su casa de Bilbao; LUCHA DE TOROS, grupo en bronce que envió a París; DUQUE DE MANDAS, Bronce. Pedestal y busto con medallas; y TORO DE LIDIA, bronce.
Hacia 1927 terminó con Barrenechea otra vez. Una vez mas, y aun su malhadada situación económica le llevaría a volver a él en otros futuros difíciles años como recurso miserable pero exigente para salvar el momento insuperable.
Insuperable porque en su clásica timidez, consecuencia de su gran complejo que para relacionarse le suponía su temida tartamudez, le alejaba de toda relación que le abriera alguna puerta en la que se le ayudara a defenderse con su arte, que ya impresionaba a los que por algún azar o profesión lo habían podido conocer.
Quería también, en su afán permanente de aprender, no dejar pasar demasiado tiempo sin trabajar el mármol, para aprender su cincelado, y la madera, para saber tallarla, ya que ambos materiales le seducían. El problema es que quería aprenderlos pero al par ganar para sus perentorias necesidades de la diaria comida, y orillar el problema de no comprometerse a su trabajo como empleo y servicio. Quería estudiar, pero trabajando. Recordaba oferta del marmolista Passani, como la del Sr. Talens y su disgusto con Barrenechea le decidió a solicitar esos ofrecimientos, decidido a aprender sus oficios con la firme voluntad de recobrar su libertad una vez los conociera. Era el momento de aprender esas dos especialidades, porque deseaba cultivarlas, sentía anhelos de ello, veía pasar los años y había que decidirse para hacerlo antes de que le llegar el servicio militar al que ya se acercaba. El disgusto de Barrenechea y su decisión de marcharse le llevó a este acierto que dio nueva dimensión y valor a su vida y su conocimiento futuras ocasiones de brillantez a su arte.
Efectuó estos dos especialidades el año antes de hacer el Servicio Militar.
Había tenido relación pasajera con el Sr. Passani, que le conoció trabajando con Barrenechea y le había ofrecido sus talleres de cincelador en mármol para cuando él quisiera. Cuando decide terminar definitivamente con Barrenechea tras los nuevos disgustos por la Exposición de temas vascos, en el Hogar Vasco de Madrid, se marchó a visitar los Talleres PASSANI cuyo titular le recibió con todo agrado y manteniendo su promesa le dio trabajo para satisfacer su deseo de aprender a cincelar el mármol.
Lo aprendió pronto y Passani le fue encargando trabajos. Así en aquel taller realizó especialmente 3 estatuas en mármol: una, LA FE NOTARIAL, para el Colegio e Abogados de Madrid, en la calle Juan de Mena, y dos estatuas de mujer, de 2 metros: Una representando EL AHORRO y otra la PROTECCION DE LA INFANCIA. Ambas campean en el tímpano de la puerta principal del edificio de "La Adriática" en la Gran Vía madrileña.
Terminado su compromiso y deseoso de perfeccionarse en el tallado de la madera atendió ofrecimiento que al efecto le tenía reiterado el mismo Sr. García Talens, propietario de Talleres TALENS quien además de darle un sueldo le enseñó a practicar el manejo de la gubia. Talens le ofrecía carta blanca para que hiciera en el taller sus trabajos propios a horas libres. Estuvo algo más de 4 meses, hasta que consideró suficiente su aprendizaje en la madera. Pero quería ser libre.
Año más tarde conseguiría hacer, algunas en los propios talleres Talens que éste siempre le ofrecía, imágenes de vírgenes y santos y carrozas para procesiones sacramentales. Lo que dio motivo una vez, por causa del embalaje utilizando las tablas del taller a confusión sobre su realización. Ocurrió con el San Bonifacio, de Petrel, cuando años después un sacerdote "investigador" apuntó sus dudas sobre la autoría artística del San Bonifacio al encontrar las tablas del embalaje que lo trajo porque vio que estaban marcadas de Talleres Talens y "lució "su descubrimiento" en un artículo de la Revista de Fiestas. Motivó que personas de Petrel visitaran sobre ello al prestigioso publicista villenense Don Alfredo Rojas y "aquello" fue contestado y debidamente aclarado, por un sereno y adecuado artículo que publicó al año siguiente, 1978, en aquella misma Revista, que la obra era total y rigurosamente de Navarro Santafé, ese al embalaje de sus talleres amigos.
EL SERVICIO MILITAR
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A los dos meses tiene que incorporarse al Servicio Militar. Por sorteo le toca la Península, Regimiento de Ferrocarriles, en Leganés. Allí hace una medalla: anverso con la cara de S.M. el Rey Alfonso XIII y reverso Escudo del Arma de Ingenieros de FF.CC., que regala al Regimiento el día de la fiesta de su Patrón San Fernando. Pero además, con serrín de colores, pinta en el patio una gran locomotora que es admirada y aplaudida por todos. Cuando está en el comedor toda la tropa en comida extraordinaria dan la voz que entra el Coronel. Llega a felicitar personalmente a Navarro por aquel gran dibujo y darle las gracias por la medalla, y termina sus palabras dando un ¡Viva Navarro Santafé!, que siempre lo recuerda por ser el primer viva en su honor que oyó en su vida. Se daba la circunstancia que el Coronel del 2º regimiento era su primo, Navarro de la Cruz, y éste le había recomendado a su compañero, el coronel del primer regimiento, que era donde había sido destinado, pero él no había hecho uso de la recomendación y no se le había presentado. Al saberse eso en ese momento el coronel le dijo que así había ocurrido al revés, que en vez de presentarse él a su coronel había sido su coronel quien se presentaba con mucha satisfacción a él. Estuvo de servicio militar solamente seis meses, por ser del 2º reemplazo.
LICENCIADO. EL DIFICIL ENCUENTRO DE TRABAJO.
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Cuando le licenciaron se encontró con casi 22 años y en Madrid con el difícil problema: ¿Dónde encontrar trabajo?. Le fue más fácil hallarlo, por pronto, de dibujante para un publicista cartelista, cuya oficina con entrada por la calle Cuchilleros tenía balcón a la Plaza Mayor, desde donde Navarro miraba y remiraba el famoso caballo de Pietro Tacca que monta el Rey Felipe III.
El marmolista Bolado lo encuentra y le ofrece trabajo en su taller que acepta.
REGRESA SU MADRE Y HERMANAS DE ARGENTINA
Regresa su madre y sus hermanas Juana y Celia de la Argentina. Encuentran en la calle del Ancora un cuarto para vivir la familia. Tiempo después lo dejan por otro en el Paseo de las Delicias. Un día se encuentra con la compañera de Barrenechea y ésta le recomienda visite a la Modista Mm. Lafontaine que necesita dibujante. Se acuerda con ella y le hace 50 creaciones. Ante su habilidad en el dibujo le sugiere la acompañe a París pero él se niega porque su empeño está en ser escultor.
Desde que terminó el servicio militar en 1927 hasta la proclamación de la República, 1931, su principal ocupación práctica fue la relatada Exposición de temas vascos, para la que debido a su necesidad tuvo que someterse a Barrenechea, por quien cada vez sentía más aversión y el período del dibujo de modas. También se ocupó del MONUMENTO AL LAUREADO TTE. HERNANDEZ MENOR en su ciudad natal del que escribiremos detalladamente en el capítulo de OBRAS.
VISITA LA EXPOSICION INTERNACIONAL DE BARCELONA.
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Precisamente cuando trabajaba en aquellos dibujos de modistería llegó a España en 1929, un argentino amigo de su familia, que le visitó y le invitó a acompañarle a la Exposición Internacional de Barcelona, " de cuya visita quedó memorable reflejo en su memoria ante tanta grandeza y sus éxtasis contemplando los edificios que construyera la fantasía creadora de Gaudí o, dentro del recinto exposicional las cantarinas y luminosas fuentes encantador juego de luz y agua con las que sorprendiera al mundo, como adorno suntuario y magistral la magia enamorada del Ingeniero Buhigas."
A la vuelta a Madrid aumentadas sus necesidades tiene que volver con Barrenechea, modelando cuanto éste en su taller le sugiere para su negocio pero era lo que a él le solucionaba el apremiante pan de cada día.
Así llegó la República. La euforia de la nueva ilusión política captada por el instinto comercial de Barrenechea le hace encargarle modelar un busto de su simbología. Pedestal con busto y gorro frigio de 60 centímetros, que presentó pomposamente ante sus amigos políticos de cuyo acto quedó una fotografía que, en semicírculo contemplando la estatua se encontraban junto a Barrenechea y el autor de ella nuestro escultor Navarro las destacadas personalidades del nuevo Régimen Andrés Casaus, el Alcalde de Madrid Pedro Rico y otras personalidades republicanas. Fotografía que años después, en los peligrosos tiempos de la guerra civil, le sirvió a nuestro escultor como único documento para salvar su integridad personal al carecer de afiliación y ocurrírsele presentarla como testimonio de adhesión.
Seguía trabajando con Barrenechea. Este estaba muy boyante ante el éxito de la escultura de la República. Consiguió pedidos de más de 200 reproducciones, tanto en bronce como en escayola metalizada para oficinas ministeriales gobiernos civiles, alcaldías etc. Y cada vez era más fuerte el deseo de liberarse de ésta sumisión que oprimía su personalidad y en su propia casa va modelando y sobre todo dibujando cuanto su fantasía a impulso de su caudalosa vocación le va motivando. Como obras mayores hace: busto de la MARQUESA DE PERINAT, cincelado en mármol de Carrara, y TOROS, sobre modelos de fotografías.
Un día ve en un escaparate fotográfico de la Puerta del Sol una instantánea de un pase de Juan Belmonte que le impresiona y decide modelarla. Entra en el establecimiento a comprar la fotografía y, presidiendo el panel de una pared observa un Escudo de Armas con las sierpes y calderas y comenta con el propietario que tal Escudo está en el Castillo de su pueblo, Villena. Este le dice que se llama Juan Pacheco y es descendiente de aquel famoso Marqués de Villena que reconstruyó su Castillo, como varios otros. Nace de tal circunstancia una corriente de mutua simpatía que forjó una amistad que continuaría mientras vivió.
Pocos meses después recibe Navarro en su casa la visita del Mayoral del ganadero D. Antonio Pérez Tabernero, recomendado por Pacheco, y le encarga un toro en bronce después de ver los varios en barro que le muestra Navarro. Quiere uno original para su jefe, diferente de aquellas actitudes. Navarro le dice que él le avisará cuando lo tenga en barro para, si es de su aprobación, pasarlo a bronce. 15/20 días después de su aviso se presenta en su Estudio el ganadero salmantino D. Antonio Pérez Tabernero. Ve el toro que le ha modelado en barro, lo aprueba y se lo manda fundir en bronce. Cuando lo tiene fundido le avisa y le aparece el Mayoral a recogerlo. Navarro le pide 3,000 pesetas y éste le dice que es muy caro, que "cuesta tanto como uno de verdad". Y no se lo lleva hasta decírselo a su Don Antonio, y ya no contestó.
La espera en su apremiante necesidad le derrumbó una vez más. Cuando caía por su irresuelta necesidad en tales depresiones le martilleaba la cabeza la frase sarcástica que su padre, mientras estuvo aquí al regresar también mal de la Argentina, hacia la que se volvió otra vez, repetía como con cariño, pero que a él le hacía mucho daño: "Mi Antoñico siempre está con el palico que no da plata."
Sin embargo, ¿quien lo hubiera dicho entonces?, años después este toro se lo compró Don Pedro Guerrero, de Jerez de la Frontera, y le pagó 50,000 pesetas. Pero además, también años después se sirvió de éste toro para hacer una reproducción en bronce bañado en oro, encargo del General Barrón para ser rifado en la Corrida del "Toro de oro" de la Línea de la Concepción.
Pero entonces, con el agobio de su angustiosa necesidad económica, no tiene más remedio que volver con Barrenechea. Lleva con Barrenechea más de tres años en esa sumisión de su arte y su nombre que le duele cada vez más, que se agrava por el constante regateo y avaricia de éste que llega hasta a retrasarse en el pago de sus concertados honorarios. Como hace meses que vive solo (1935) no quiere en su apurada situación económica recurrir a sus hermanas y va a desahogar su disgusto a casa de otro Barrenechea pintor, con quien tenía amistad tal vez por conocer que este también estaba disgustado con su primo por actitudes de su inmoral conducta. Este lo recibe cordialmente y le invita a hospedarse en su casa lo que acepta tras convenir el pago de su pensión. Allí le ayuda con un dibujo y modelado de un relieve de un niño desnudo, en pastelina, para un concursillo que tenía que hacer el pintor para ingresar en una fábrica de platería, que por tal ganó. Y Navarro se sintió muy satisfecho porque ha podido corresponder a su favor.
ACEPTA CONTRATO PARA PATINAR LAS FAROLAS DE MADRID
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Ha modelado varios toros en barro que va vendiendo para vivir. Hace dos toros, CAPOTE PERDIDO y DE SALIDA, que especialmente le gustan y decide reservarlos para la exposición taurina que lleva en el pensamiento y desea hacer. Considera necesario cubrirlos de bronce. Como no tiene dinero no duda en recurrir a la fábrica de Oxígeno Industrial que alguien le recomienda como que reciben encargos para cubrir con soplete en cobre. Así lo hace y cuando después de cubrirlos también los ha patinado los ve el Ingeniero, D. Manuel Rodrigo y, ante lo acertado que aprecia la pátina, le ofrece un contrato para patinar de igual forma las farolas del alumbrado de Madrid, ofrecimiento que Navarro acepta gozoso porque venía a solucionarle su situación económica después de su cese con Barrenechea.
A día siguiente, provisto de escalera portada por el ayudante que se le puso, con sus botes de pintura, trapos, pátina, disolventes y brochas la emprendió con las farolas desde la Puerta de Atocha a la Plaza de la Cibeles y desde allí toda la Castellana hasta Río Rosas, y de nuevo desde la Cibeles por toda la Gran Vía, pasando por la Plaza de España, Princesa, hasta Argüelles; Cuesta de San Vicente y Florida y la Virgen del Puerto. Le ha dedicado a este trabajo medio año. Ha ganado dinero para mantener a su madre y hermanas porque al tener buen trabajo volvió a vivir con ellas. En gratitud ha regalado al ingeniero D. Manuel Rodrigo, aquellos dos toros que al patinarlos le dieron este trabajo.
Esos dos toros en barro, con la decisión de cubrirlos de bronce y patinarlos, van a ser hito muy importante en su vida. Los regaló al ingeniero y éste a su vez los regala a uno de los dos capitanes de aviación que se los ha ponderado al visitar la fábrica para hacerle un importante encargo de extintores. Este capitán es sobrino del Barón del Sacro Lirio que al verlos y gustarles, se los regaló. También, por compromiso, a su vez el Barón los ha tenido que regalar, pero como no quiere dejar de tenerlos, enterado por su sobrino que se los regalaron en la fábrica de oxígeno Industrial la visita y dice al encargado Sr. Alfonso Mesas que viene por otros dos toros de Benlliure. Este le dice que aquellos toros no son de Benlliure, sino de su amigo Sr. Navarro Santafé, que está patinando farolas por Madrid y llegará a la fábrica al final de jornada. Vuelve a esa hora el Barón, habla con Navarro y le encarga dos toros iguales, aunque en paso diferente. Acepta el encargo Navarro y cuando los tiene patinados visita la fábrica el Abogado de la Campsa, Don José Gutiérrez Solana, (sin parentesco con el famoso pintor), ve los toros y se interesa por su autor que le presentan. Le pregunta si haría un grupo con toro y torero pero con Nicanor Villalta, que es su torero. Acepta el encargo y cuando lo ve en barro le encarga dos copias, una para él y otra para regalársela a su amigo y admirado Nicanor. Le cobró 1,500 pesetas por cada grupo.
SU EXPOSICION DE TAUROMAQUIA EN EL "CIRCULO DE BELLAS ARTES" DE MADRID
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En unos seis meses de ilusionado trabajo preparó unas 12 obras. Estaba impaciente por realizarla. ¡Exposición de obras suyas, con todo su nombre, por fin!. También estaba ilusionado su socio, el Ingeniero Sr. Rodrigo, y con su influencia, en el CIRCULO DE BELLAS ARTES, a finales del primer trimestre de 1936 cuando ya las nubes de la guerra civil intranquilizaban el cielo azul de España se celebró. Había preparado unas 12 obras. Destacaban entre ellas los Grupos: VILLALTA, "Derechazo", (ya vendido, pero expuesto.); MANOLO BIENVENIDA, "Pase natural"; MARCIAL LALANDA, "quite de la Mariposa"; PEPE BIENVENIDA, "Así se matan los toros"; COMBATE DE TOROS," Dos toros", TARARI, " Toro de salida"; CAPOTE PERDIDO, "Toro"; UN PAR DE BANDERILLAS, "Toro", MAS PELEA y ENSAÑAMIENTO, "Grupo dos toros".
Muchos de los importantes personajes que frecuentaban el selecto Círculo se interesaron por saludarle. Pero de todos, el más importante para él, que recordaba con emoción, fue cuando visitó su exposición ¡nada menos que examinados por él sus temas taurinos!, el ilustre escultor y maestro Don Mariano Benlliure "que me felicitó y me dio buenos consejos que nunca he olvidado"
Se vendió todo. Fue su primer gran éxito. Lo interrumpió trágicamente el largo y doloroso interregno de la guerra civil. Cuando, justamente ilusionado, se aprestaba a recoger el fruto de su exitosa exposición, lleno de anhelos y esperanzas, el aciago acontecer de aquella calamidad nacional paralizó todo su horizonte, tan claramente vislumbrado durante aquellos ensoñados días del Círculo de Bellas Artes y se encontró con que, cuando llegó la sensación de la gravedad de aquellos iniciales tremendos históricos días, solo tenía en la mano aquel toro en bronce, "MADROÑITO", que le había encargado el ganadero salmantino y que todavía no había ido a recoger con las 3,000 pesetas que le pidiera y que el Mayoral le dijo que el precio le parecía "más caro que si fuera de carne."
Con todas sus humildes pertenencias se quedó aquel toro en su casa cuando tuvo que cerrarla para presentarse a unas oposiciones de delineante convocadas en la base de aviación de San Javier, en Murcia, que a efectos de situación militar y aconsejado por uno de sus oficiales le convenía asistir.
Su madre se había marchado a Villena. Y ni ella ni él volverían a su casa cerrada de Madrid hasta terminada la guerra.
LA GUERRA CIVIL
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En su estudio de la calle Jaén en aquellos meses de abril a julio de 1936 había iniciado el proyecto de hacer otra exposición, ante el éxito que había obtenido con la de tauromaquia. La primera figura que inició fue un desnudo de mujer que tituló "CARNAVAL ESPAÑOL". La figura llevaba peineta y mantilla. En su mano derecha extendida ofrecía la manzana y con la izquierda se quitaba el antifaz. Hizo el busto de D. LUIS ORTEGA GRANADOS, de escayola patinada. Y a mediado de él el lanzamiento militar. En aquellos terribles primeros tiempos se sufría la violencia y las gentes y vecinos le decían constantemente" "Compañero, hay que definirse." Porque como pasaporte, salvoconducto y única acreditación documentaria mostraba aquella fotografía que, al principio de la República, al presentar su busto simbólico en el estudio de Barrenechea ante el Alcalde de Madrid, Pedro Rico y otras destacadas personalidades republicanas, está él entre ellas.
Las circunstancias de aquel tiempo le llevaron para cubrirse ante vecinos y curiosos a modificar la figura del "CARNAVAL ESPAÑOL" y hacer una "MILICIANA" cambiando el antifaz por el puño cerrado, la manzana por un fusil; cubriendo el desnudo con un "mono" y la peineta substituyéndola por un gorro cuartelero. Varios personajes influyentes del momento la vieron y al felicitarle le sirvieron de amortiguador y hasta de garantía para su personal situación.
Pero si bien iba salvando su momento en aquella dramática circunstancia sus recursos se acababan y cada vez era más grave encontrar la solución de la comida diaria. Su madre, como dicho, se había marchado a Villena y para él llegó el día en el que no vio más horizonte que volver al taller de Barrenechea que, como esperaba, le solucionó la diaria comida, lo que era tan importante entonces en Madrid. Entre otros trabajos hizo la MAQUETA PROYECTO MONUMENTO A LOS HEROES DEL CALLAO. LIMA (Perú). Firmado por Barrenechea. Y modeló el busto del Ministro CASARES QUIROGA que, naturalmente, firmó Barrenechea, pero lo sentaba a su mesa cada día y esto era en su caso lo que no tenia mas remedio que atender.
Como la fabrica de Oxígeno Industrial se había transformado en fábrica de guerra, un compañero le invita a volver a ella y efectivamente aprovecha la ocasión para poderse liberar, una vez más, de Barrenechea. Trabaja en ella varios meses en la compra y acarreo del suministro de frutas y verduras. Pero un día se cruza con otro empleado que se conocían ambos por haber asistido antes de la guerra a las catequistas en donde Navarro daba clases voluntarias de dibujo a los niños y éste otro, les cantaba jotas. El encuentro fue temeroso y en la sospecha de las gentes pronto le dio la muestra amenazándole con denunciarle. Tal se puso la situación que, ante nueva amenaza a Navarro cuando iba en el carro, éste se defendió dándole un latigazo y sin esperar la reacción abandonó el empleo. Alguien le aconsejó presentarse al Ministerio del Aire, porque había leído la convocatoria para unos puestos de Delineante que le pudiera interesar y, sin pensarlo dos veces, allá se fue y se presentó. Se admitió su solicitud y se le envió a San Javier (Murcia). Tras unos días allí, una vez recibidas las instrucciones había que regresar a Madrid, pero pidió permiso para ir a Villena (Alicante) a despedirse de su madre. Se le concedió pero condicionado a que el viaje de Villena a Madrid se lo tendría que pagar él al quedarse fuera de la expedición militar.
En Villena, con el fin de ganar algún dinero para Madrid un primo suyo, jefe de la CNT local, Ginés Camarasa lo coloca en los talleres de fundición Rodes que trabajan material de guerra, donde lo destinan como aprendiz en la sección de moldeo de falsas boquillas de mortero y, con tal perfección aprendió que sus cajas eran ,por tal causa, reconocidas en la fundición como superiores. Por aquellos días militarizaron por Decreto la fundición con lo que se quedó en ella como destino militar, evitándole el tener que marchar al frente de guerra. Su pariente, Camarasa le encargó un BUSTO DE DURRUTI que modeló en barro y tras exponerlo algún tiempo en las oficinas del Sindicato, que en la requisa de guerra se había instalado en el Colegio de las HH. Carmelitas, se volvió a la fundición para verterlo a bronce. Así se devolvió al Sindicato y jamás supo ya nada de él. Pero Francisco Poveda Esquembre, recuerda haberlo visto sobre la mesita de la antesala de Secretaría donde tuvo más de una ocasión de admirar el busto, no muy grande, me dice, y comentar su admirable ejecución, sobre todo por el parecido.
También por distintas autoridades se le encargaron y realizó diversos trabajos: UN DIBUJO MURAL de 6 X 4 m., de Pablo Iglesias para la embocadura del telón del Teatro Chapí; en seguida le encargaron OTRO MURAL de igual tamaño de DURRUTI también para el mismo telón, que colocaban alternativamente y aún tuvo que hacer otro igual, más tarde, de Ascaso. Le pagaban muy bien en especie alimenticia, que ya muy escasa estaba, como leche, patatas, etc., en buena abundancia, lo que le permitía a su madre ayudar a familias que conocía agobiadas por tener a sus padres detenidos, "como ocurría especialmente con la que había cedido a su madre el piso donde vivíamos, la familia de D. Antonio Martínez Hernández, que luego fue el primer alcalde que tuvo Villena cuando acabó la guerra."
También hizo un dibujo a lápiz, que tituló MODISTILLA, de una novia que posó en el mismo taller donde ella trabajaba, en la calle Parrales. Murió ella y Navarro se lo llevó a Madrid cuando terminó la guerra. Pero el padre de la chica se lo pidió y lo trajo de Madrid y se lo regaló en uno de sus primeros viajes a Villena. Durante su estancia en ella, hizo un dibujo a una mujer muy conocida, 'LA TIA GORRIONA"; otro a los hijos del encargado de su sección en la fundición; TRES RETRATOS a lápiz de sus primas las hijas de Ginés García, María, Paca y Celia. Hizo la MASCARILLA de un Teniente del Ejército de tierra que se mató por accidente, en la Colonia de Santa Eulalia, y otra del hijo del responsable de la Fundición, que le decían RENDIJA.
FIN DE LA GUERRA CIVIL. REGRESO A MADRID.
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Cuando termina la guerra civil, de su pueblo, Villena, guarda un afecto indeleble, y de aquel tiempo que lo abrigó para cómodamente alejarlo de la dureza de los frentes. El final de la guerra, aquel 30 de marzo de 1939, lo vive participando con sus paisanos en la alegría y alborozo del fin de la dolorosa contienda. El trabajo en los talleres metalúrgicos se ha acabado al ser recuperados por sus propietarios y lógicamente cesar los pedidos de material de guerra. Se queda sin empleo. Pasan los días y hay que hacer algo para comer. El nuevo alcalde, D. Antonio Martínez, le encarga un dibujo gigante del GENERALISIMO FRANCO, el Jefe del Estado victorioso, que hace al carboncillo y se coloca como antetelón en el Teatro Cine Chapí, único que entonces había en aquella localidad. Le pagan 500 pesetas con las que, con su madre, vuelve a Madrid.
Le reclama la aventura de su vocación en Madrid, donde a sus 32 años y pese a su buen recuerdo del éxito de su Exposición de Tauromaquia en el primer trimestre de 1936, sabe que bien puede en este tiempo ser más difícil. Pero hay que volver, como lo quiere su madre, y regresar a la casa que dejaron cerrada.
Cuando arriban a su piso del Paseo de las Delicias se lo encuentran desmantelado. Vacío pero con la suciedad no de la ausencia sino de haberlo habitado alguien sin escrúpulos. No queda nada de sus cosas. Pero ¡oh alegría!, entre el montón de basuras de un rincón está el toro del Mayoral y con la emoción de tan sorprendente encuentro lo arropa como la prenda más inesperada y querida y aquella noche primera del Madrid recuperado durmió abrazado a él.
Las sucesivas vicisitudes de la vida de éste hombre sencillo humilde, incluso apocado; tartamudo cuyo defecto físico influye no solo poderosamente en su carácter, sino también en su obra que posiblemente pudo haber alcanzado mucho antes todo lo que sus inmensas posibilidades artísticas hacían posible, vamos a relatarlas unidas a la historia por él mismo comentada de cada una de sus obras de mayor personalidad o de mayor altura, ya que a partir de éste regreso a Madrid entramos en todo el largo período de su más intensa creación y su personal biografía va plenamente unida a sus creaciones. La imagen de su curiosa personalidad nos la dan ellas mismas y las circunstancias de su realización. Nos fue posible ordenar bastante, en nuestras conversaciones en el último año de su vida, la cronología de sus obras mas importantes. Vamos, pues, a dedicarnos a ellas, aunque en su descripción tengamos que volver a años y situaciones un poco ya antes relatadas, pero más que una reiteración servirá para darnos más cuenta de la admirable voluntad que puso al servicio de su vocación amada, pasando por encima de humanas debilidades y vicisitudes que solo el tesón y lealtad a sí mismo pueden hacer entender y comprender y hasta ser motivo de ejemplaridad.
Hemos creído que resultará así fácil para el lector localizarlas concretamente bajo una parte con el nombre genérico de ITINIERARIO POR SUS OBRAS, seguido del de la que corresponda, o vinculadas a nombres de familias o ciudades con reiteración de ellas.
Pasamos sobre el ingente montón de obras menores que durante su vida tuvo que hacer encontrar o completar el pan de cada día, de las que hay en vitrinas alguna muestra en su Estudio Museo de Villena, llevadas posteriormente a él por su esposa, y nos ocuparemos en esa parte de ITINERARIO POR SUS OBRAS a describir, junto a los comentarios encontrados sobre ellas, aquellas con las que, poco a poco, en el transcurso de su vida, (19061983), encontró la ocasión de manifestar la grandeza de su arte.
Pero también creemos interesante incluir antes, circunstancias y acontecimientos que en su vida se dieron, incluso íntimos, vinculados a ellas de un modo u otro, que son importante curiosidad tanto para conocer su humanidad y carácter, como para resaltar el reconocimiento que aun llegó a alcanzar en ilustres instituciones, que le dieron el gozo de la satisfacción en su último tiempo, contra otras que fueron siempre para él dolorosa constante compañía.
En aquellos apasionados años de 1939/40, donde en medio de una escasez general de todo, parecía que la vida empezaba de nuevo, él ya con 33/34 de edad, considera que debe terminar sus estudios y obtener el certificado de ellos, lo que debe ser en Valencia.
Ha terminado la imagen de Nª Sra. de las Virtudes, que pese a su necesidad económica, su madre ha querido regalar a la Ciudad, luego sigue nulo de ingresos. También los Peregrinos de sus andas, pero se los pagarán cuando al año siguiente los pase a madera, lo que no ocurrió jamás, así que otro trabajo gratis. Algo le quedó de su San Bonifacio, de Petrel, pero al final del verano estaba de nuevo sin blanca. Y tenía que ir a Valencia. En una de sus notas aparece manuscrito: "No olvidaré nunca a mi entrañable amigo Alfonso..." (aquel que le dijo en 1933 a quien fue a Floralia a preguntar por los toros de Benlliure, que no eran de Benlliure, sino de su amigo Antonio, y de los que salió el trabajo de Las Farolas de Madrid ) "..que tanto hizo por mí, y en esta ocasión que me hacían falta 500 pesetas para desplazarme a Valencia a terminar mis estudios de profesor de dibujo, y lo conseguí. No tenía pero las pidió al cajero de la fábrica donde trabajaba para que se las descontara de su sueldo. Ya me había comprado herramientas, sentado a su mesa, ayudado como buen padre..."
Fue a Valencia y se trajo la CERTIFICACION ACADEMICA PERSONAL, expedida por la "Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado, del DISTRITO UNIVERSITARIO DE VALENCIA", que copiamos:
"CURSO de 1940 a 1941. Núm. 15.
Don Enrique Giner Canet, Catedrático y Secretario accidental de la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado de Valencia.
"CERTIFICO: Que D. ANTONIO NAVARRO SANTAFE, natural de Villena, provincia de Alicante, tiene cursados y aprobados en esta Escuela, todos los estudios de la Sección de Escultura, que dan derecho a que por el Ministerio de Educación Nacional se le expida el TITULO DE PROFESOR DE DIBUJO, con arreglo a las disposiciones vigentes.
"Así resulta de los antecedentes que obran en esta Secretaría de mi cargo a que me remito. Y para que el interesado pueda hacerlo valer donde le convenga, expido la presente con el visto bueno del señor Director y sellada con de esta Escuela en Valencia a treinta y uno de octubre de mil novecientos cuarenta."
Siguen las 3 firmas: Vº Bº El Director; El Secretario y El Oficial de Secretaría, rubricados. Con sello redondo en tinta azul que dice: ESCUELA DE BELLAS ARTES DE SAN CARLOS DE VALENCIA."
Profesor en la ESCUELA FABRICA DE CERAMICA DE MADRID
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En 1940 ingresó, como contratado, en la Escuela Fábrica Oficial de Cerámica, gracias a la influencia de D. Luis Ortega Cantoni, su hermano político, funcionario del Ministerio de Educación y Ciencia, Encargado de Curso en Elaboración de modelados para su reproducción en loza y porcelana. Como Profesor interino a la Clase de Modelado, le asignó su Dirección un sueldo de 500 pesetas mensuales, muy poco, pero le prometían luego se transformaría en propiedad. Años después se lo elevaron a 900 pesetas, siempre interino y por 1955 a 1,000 pesetas.
Estuvo en ella unos 18 años, interino. En ese tiempo no se llevó bien con el Director, de raro carácter, que por cierto acabó lamentablemente mal al ser asesinado por otro profesor que había estado internado por él en un manicomio.
Poco después de que el Conde de Mayalde le diera la plaza de Profesor en el Colegio de San Ildefonso y de Maestro Cantero en el Ayuntamiento de Madrid; a cuyo ingreso en el Ayuntamiento, deseo que él expresó en diversas ocasiones le ayudara a conseguir cuando se publicaban plazas al Director de la Escuela, y este le contestaba sistemáticamente que le reservaba algo mejor, no le cayó bien a este y pasado el tiempo que juzgó político le redujo sin más el sueldo de 1,000 ptas. a 500. No admitió Navarro tal reducción y abandonó la escuela, dirigiendo al Director una carta el 30 octubre de 1956 de cuya copia entresacamos los siguientes párrafos bien ilustrativos sobre la necesidad que siempre le acució y la debilidad de carácter de nuestro escultor:
"Contesto su carta sin fecha, recibida el día 27 del cte. mes. No comprendo como le extraña a Vd. mi ausencia en esa Escuela en mis funciones asignadas, pues solo Vd. sabe las causas por las cuales no he podido reintegrarme el mes en curso a mis tareas en esa.
"La postergación llevada a efecto por Vd. al reducir mis honorarios de 1,000 ptas. a 500 ptas. ha sido la causa que ha motivado mi decisión.
"¿Qué motivos le he hecho a Vd. para proceder de esta forma contra mi modesta persona? Me parece que he hecho suficientes méritos para al cabo de 18 años, tuviese Vd. más consideración conmigo, que nada malo le he hecho.
"Pronto olvidó todos los favores personales que le hice produciendo obras de arte para que Vd. se abriese las puertas de grandes amistades y ahora en compensación veo ya cerradas las puertas de esa Escuela en la que dejé los mejores años de una vida de labor artística y que lejos de servirme de puente para con su aprobación abrirme paso en mi carrera, encontré en Vd. un obstáculo.
"De mis obras, creadas por mí y que son: Bustos de la SRA. DE SOLIS; SRA. DE AZNAR; EXCMA. SRA. CONDESA DE MAYALDE, etc., nada he recibido de Vd. en premio a esa desinteresada labor. Pero, eso sí fui obsequiado con muchas promesas..."
"¡Creo que no merecía esto después de prestar servicio durante 18 años!
"No tengo inconveniente de volver a esa Escuela siempre que mis honorarios no sean sancionados."
Menos mal que tuvo un día el feliz arranque, de genialidad o de protesta íntima, de no dejarse postergar más, al pedir al Director de la Escuela de Cerámica, cuando le sugirió que hiciera el busto de la DUQUESA DE PASTRANA, que consiguiera de la Duquesa que viniera a posar. Lo aceptó la Duquesa y así conoció al artista. Ya conocido, y habiéndolo pedido ella, era inevitable acompañar al Director a la entrega. Y de este suceso arrancó virtualmente su relación con estas relevantes personas, que al darle su apoyo e influencia le adentraron en el alto mundo capaz de darle los encargos que le sirvieron para acreditarse con su arte.
A partir de esa transcendente relación para él cambió completamente el signo de vida apretada y desapoyada de nuestro escultor. A partir de aquí, (1956), aunque siempre personalmente con su humildad y su modestia, se inicia el período de sus grandes realizaciones, hasta que fueron cortadas por su enfermedad (1977), y fallecimiento (1983), cuando los encargos le abundaban y ya algunos importantes e incluso con proyecto aceptado y contratado, se le quedaron por hacer.
EL COMPLEJO DE SU TARTAMUDEZ
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Fue algo muy grave en su vida, que el infundió su carácter aparentemente tímido porque sentía la sensación de ridículo cada vez que se "encasquillaba" hablando. Era esta la palabra con la que él definía aquella situación que en cada caso tan frecuente por demás, siempre le horrorizaba hasta el punto que huía de toda ocasión de conservar sobre todo con extraños, o personas importantes, o periodistas, y fue causa de su alejamiento y de su falta de lo que luego se ha llamado "relaciones públicas" que motivó tenerse apartado y solitario, como arrinconado hasta que, de aquella sima de silencio lo hizo emerger la propia potencia de su arte, cuando al paso de los años, fue hablando su obra por él.
Con esta sencillez cuenta él su causa u origen, y titula su narración:
"Mi enemigo número uno"
Siendo niño, tendría unos 4 años dice , en su casa de Villena, en los veranos, su madre le ponía un colchón en el suelo para dormir. "Una noche me levanté, cogí la capuchina que mi madre me dejaba encendida hasta que me durmiera, y sin saber como me prendió fuego en el camisón. Si a mis gritos mi buena madre no acude rápida hubiera perecido abrasado. "¡Bendito Antoñico! Estos críos. "Mi buena madre ¡las madres, que no duermen! me vio y arropó con su cuerpo el mío, que no se libró de quemaduras, de las que aun se pueden ver las señales, y apagó las llamas que envolvían toda mi personita. Bastantes días tardaron en curar. Después de aquel accidente comencé a tartamudear, y este defecto nervioso, a causa del susto, me acompañó toda la vida. El médico que me asistía, D. Regino Arenas, al observar el tartamudeo le dijo a mi madre que notaba que "tartamudeaba exageradamente", mas creía "que se le pasaría cuando fuera mayor"... y pasaron veinte, treinta y cincuenta años y todavía se me "encasquilla"...
"Cuando empecé a ser mayor, ya años viviendo en Madrid, y quise luchar contra el tremendo defecto que ya notaba me hacía daño, me lo corregí algo haciendo gimnasia respiratoria; luego alguien me recomendó que leyera en voz alta, silabeando, y me leí entero el Quijote de tal modo, y respirando profundamente. En la altura de mi vida debo reconocer que me ha servido en ocasiones el uso de tal práctica que ya de manera constante mantuve siempre, pero cualquier debilidad física, cualquier momento u ocasión que afectara a mis nervios, me hacía recaer en la sima de ese mal.
"En el Concurso del Monumento a Chapí, tuve que defender, ante un público heterogéneo, mi proyectado monumento teniendo que leer la Memoria descriptiva. Mi primo Diego García que me quería tanto, al saberlo no quiso entrar temiendo lo peor, pero amigos casi a empujones lo hicieron entrar y cuando me vio y escuchó en el momento en que yo estaba mejor exclamó: "Ese no es mi Antoñico..." Cuando terminé la lectura me dio un abrazo y me dijo: "Ahora sé que harás un gran monumento".
Mi padre me llevaba a pasear por la huerta de Villena porque habían dicho me convenía para vencer el defecto. Andaba detrás de él. Recuerdo el ris ras de los pantalones de pana, y que cantaba:
Oh balancé, balancé
balancé de la puñeta,
no te fíes de los hombres
que llevan una escopeta...
y yo le contestaba: "No diga usté eso, padre, que me da miedo". Y si lo decía todo de corrido, se volvía sonriendo, me daba un beso y seguíamos el camino."
En cambio tenía anécdotas "terribles" según él. Una de las que me cuenta, sucedió por en el año 1940:
Estaba recién instalado en Madrid un amigo de Villena, Vicente Soler, Aparejador Municipal que había ganado esa plaza en el Ayuntamiento de Madrid. Su esposa, Angelita Caturla, guapa, elegante, muy bondadosa pero con una permanente sonrisa que algunas veces no se sabía bien si llevaba algo de ironía. Se vieron los dos en la calle y le invitó a su casa al día siguiente que era domingo. Soler tenía que salir un momento sobre la hora fijada y advirtió a su esposa: cuando venga Antonio déjale que hable él. Como es muy tartamudo y le sabe muy mal su defecto, por favor no le interrumpas ni pretendas ayudarle. Te callas y ya seguirá él. Por favor, no intentes ayudarle. Vuelvo en seguida.
Pero llegó antes Antonio. Saludó a la dueña de la casa, a quien no conocía. Esta le invitó tan amable y cordial a sentarse, le explicó que su esposo había tenido que salir un momento pero que en seguida volvía. Y le dio pié, para que hablara él solo de cosas que se sabía: "¡Cómo ha gustado en Villena tu imagen de la Virgen de las Virtudes! ¡Con qué gusto la ha recibido el pueblo entero porque de verdad que has hecho una cosa bien lograda tan fiel a la anterior! Y me ha dicho Vicente que estás trabajando en otra imagen también de Patrón de otro pueblo de Alicante.
Sí, efectivamente, le contestó Antonio estoy haciendo una gran imagen de 2 metros de alta del Patrón de Petrel, por encargo de aquel Ayuntamiento, en talla de madera que debo entregar totalmente terminada, policromada, casi en seguida y en ello estoy trabajando ya muy de prisa porque se me acaban las fechas.
Y ¿cómo se llama ese Santo Patrón? (Y aquí fue ella.)
Antonio, muy diligente, contestó: Se llama, San Bon... Bon... Bon..., Bon... Bon...
Angelita se vio, horrorizada, que había caído en lo que tenía bien recomendado que evitara hacerle caer y, aun peor, intentó ayudarle, pero ella tampoco recordaba ningún Santo que su nombre empezara por Bon. Y ella, en su pensar rápido, también se repetía: Bon, Bon, ¡Dios mío, que Santo hay que empieza su nombre por BON...!.
Por fin Navarro se "desencasquilla" ya casi sudando y rompe: San BON.. BO NI FA CI 0.
En ese momento se oye la puerta del piso y entra el dueño, y al verlos a los dos como asustados mira a ambos.
Antonio sin levantarse le mira sonriendo, le saluda ofreciéndole la mano y le dice: "No.. hombre Viiicente, con lo bien que me estaba saliendo laaa visita."
Vicente mira a su mujer y le dice: Angelita, ANGELITA...
Fueron muy amigos siempre.
Achacaba a su tartamudez el fracaso de la presentación de la estatua ecuestre del Caudillo Franco, que modeló en 1939 y de la que habló al Conde de Jordana cuando le recibió en 1943 tan cordialmente y le animó al entregarle su busto en el Palacio de Santa Cruz, Ministerio de Asuntos Exteriores con cuyo busto, ante las mismas puertas del Palacio estuvo a punto de no presentarle por miedo de su tartamudez, porque a la pregunta de un portero de qué quería, se "encasquilló" e inició volverse de lo que se libró porque el gitanillo que había alquilado para ayudarle a llevarlo le empujó diciendo al portero, rápido: "El señor es escultor y trae el busto del señor Ministro."
Su miedo a las tertulias del "Papa Negro", que por sentir ridícula su tartamudez, y donde mucho se le quería dejó de frecuentar perdiendo ocasiones de relación que como artista tanto le pudieran ayudar; y muchas, muchas, constantes ocasiones que, sin su aquel complejo tremendo hubieran sido buenas oportunidades para darse a conocer. Relanzamientos que por ella no continuaba, y seguía trabajando como podía, pero solo, sin el riesgo de que por su defecto notara una risa.
Tiene unas notas sobre su tartamudez que titula "Lado feliz: Demóstenes, Cervantes tartamudo. Carreño, Belmonte. Benlliure fue mudo hasta los 7 años."
Su dolorosa obsesión se consolaba al conocer que la tuvieron esos grandes nombres de las artes.
En las charlas con quien esto escribe, muchas desde un año antes de su fallecimiento, quise grabarle las conversaciones. Algún momento me lo toleró y algo grabé de ellas. Pero pronto se opuso, hasta el extremo que cuando en mi casa ponía en marcha el magnetofón sin apercibirlo, cuando a poco su fino oído lo notaba me decía nervioso: "Pepeedro, oo paras el cacharro o me callo." No servían mis razonamientos de que me serviría para después trabajar mejor sobre las grabaciones. Se negaba porque alegaba que el "cacharro" le quitaba las ideas.
No se acordaba nada de fechas. Cuando me confiaba sus recuerdos, con memoria sobre ellos muy detallada, y en algún momento le pedía que me precisara alguna se irritaba. "¡Ya estás con tu manía de las fechas!". Menos mal que en su archivo y otras fuentes se pudieron encontrar muchas importantes para ordenar la cronología de sus obras.
FALLECIMIENTO DE SU MADRE.
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En el crudo invierno del año 1945, su madre cayó enferma. Cuando el médico que la asistía habló a Antonio de la irreversible de la gravedad, llamó a su hermana Juana, la mayor y 3ª de los hijos de los que él hacía el 7º, y única de ellos que con él estaba en Madrid, pero a los 8 días, falleció. Era el 4 de Febrero.
Aquella buena mujer, Virtudes Santafé Marcos, nacida en Villena, su pueblo vivo en el recuerdo y al que diariamente añoraba, sacrificada pero siempre animosa, ya años viuda de un marido, Miguel Navarro Perona, un hombre bueno, con optimismo sin voluntad, siempre con alegres ensoñaciones de futuro todas fracasadas, que la llevó a Argentina y volvieron con las manos vacías, ella con sus deseos constantes de volver; aquel su marido que decía de la afición y de los estudios artísticos de su hijo Antonio, único que por coincidir con su período militar no fue a la Argentina: "Mi hijo Antoñico siempre siempre con los palillos, pero de plata nada"; madre de familia numerosa falleció en la añoranza de la mayoría de sus hijos. Solo la acompañaron Juana y Antonio hasta su enterramiento en el cementerio de la Almudena, de Madrid donde había vivido sin salir de la penuria de una vida apretada cerca de 30 años, firme en su sitio alentando a su hijo en su arte y esperanzada en su futuro. Todos los otros 7 hijos se encontraban en la Argentina.
Algunos, muy pocos, amigos y conocidos. Lo comunicó, conforme a su carácter, pero por una u otra excusa estuvo muy solo en tan doloroso trance. Una afectuosa carta de pésame, guardada en su archivo, que alumbra de su importante relación a través de su arte con personajes relevantes relación con la escultura que en aquel tiempo más realizaba, escrita toda a mano en una cuartilla, refleja toda esa circunstancia:
"Sr. Don Antonio Navarro. Mi querido amigo: Reciban con estas
"letras usted y sus hermanos mi sentidísimo pésame por la
"desgracia que les aflige con el fallecimiento de su querida
"madre q.e.p.d. y perdóneme no pueda acompañarles por tener
"que asistir esta tarde al entierro de mi tío carnal que
"falleció ayer. De Vds. affmo amigo y ss. Vicente Pastor
"(rubricado). Hoy 5 Febrero 945".
Antonio, a sus 39 años, estaba muy acostumbrado a la dureza de su vida. Pero indudablemente el consuelo de esas letras del gran maestro de la tauromaquia, una de las figuras grandes de la historia del toreo, le acompañó siempre.
Emocionado por el doloroso recuerdo, y en él el pésame de Vicente Pastor, me contó lo sucedido con la obra que esculpió del genial maestro, sobre un año antes:
Grupo "Vicente Pastor,
Pase natural por alto." Bronce.
Recibió encargo del gran maestro Vicente Pastor para que le hiciera un grupo de su famoso "Pase natural por alto", que tanto adornaba su gran categoría y tan personalísimo le era, "toro y torero dando este dificilísimo pase". Mas un día, posando, Vicente Pastor le confesó que no podía llevárselo porque su apoderado le había estafado muchísimo dinero y no tenia fondos.
Terminó el escultor su obra, y la retuvo muchos años con él sin ofrecerla a nadie. El gran maestro le visitaba alguna vez, de largo en largo para contemplar "su grupo si lo tenía todavía." Un día el propio Vicente Pastor le anunció que había invitado al Duque de Veragua, y al empresario Juan Balañá, y a Juan Belmonte advirtiéndole llevara cuidado al hablar con éste porque "también se encasquillaba". a visitar el estudio del escultor para admirar lo que él llamaba "su grupo". El Duque de Veragua, ya tenía el de Belmonte que adquirió en la Exposición en el Club de Monteros, de Mayo de 1964.
También en ella estaba el "Vicente Pastor, su pase natural por alto", que tuvo muchos "novios", y había sido muy ponderado por público y comentaristas, pero no lo había puesto a la venta. El Duque de Veragua, que había sido uno de aquellos "novios", le manifestó su deseo de adquirirlo. El escultor miró a Pastor y este le asintió para que lo cediera. Como el "grupo Belmonte" era algo más pequeño y pagó por él 30,000 pesetas, se lo quedó el Duque dándole en el acto cheque por las 50,000 pesetas que le pidió. Así ambos preciosos "grupos", el "Belmonte" y el "Vicente Pastor", están en la Casa de Veragua.
En la charla, aparecieron sus "encasquillamientos" y con el sufrimiento que le producía su defecto, se creyó obligado a pedir disculpas por él. Pero el gran Juan Belmonte, rápido, terció diciéndole: "Tartamudear no es problema cuando se echa el Arte por delante."
Tal vez al lector parezca esta disquisición dentro del relato del fallecimiento de la madre de Navarro como la clásica charla de velatorios. Pero era curioso, que cada vez que me hablaba de aquella fecha dolorosa que tanto le afectó y tras tantos años siempre al referirla se emocionaba, me hacía referencia al grupo "Vicente Pastor". Como igual cada vez que me hablaba del "Vicente Pastor", lo relacionaba con el fallecimiento de su madre. Por ello he creído que este era el lugar para relatar el suceso de esta preciosa obra, anotada conforme él me la dictaba, que es el Grupo "Vicente Pastor", por sus manos geniales inmortalizado en su personalísimo "pase natural por alto."
UNA CARTA DE SU MADRE.
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Mientras que su padre atendía generalmente con cierto aire peyorativo la inclinación a la escultura de su hijo Antonio, su madre fue su gran valedora para que siguiera el cultivo de su vocación.
Y a ella contaba Antonio todos sus proyectos, encargos y era la que primero veía sus trabajos y le daba su opinión sobre ellos.
Desde cuidarle y vigilar y atender la limpieza y aseo de sus Estudios, escrupulosa de un sencillo pero buen efecto para que produjeran agradable impresión a las visitas que su hijo en ellos recibiera, hasta hacerle de secretaria cuando era preciso.
Muestra de esto es la carta que encontramos en el Archivo de Navarro, que le escribe con limpia letra de colegio de carmelitas, única de ella que aparece en su archivo:
Papel timbrado de "Antonio Navarro de Santa Fe. Escultor. Profesor de la Escuela Fábrica de Cerámica de Madrid. Estudio: Puerta del Sol, 3 Teléfono 13822 (Estudio y teléfono tachado con una raya por quien escribe).
"Madrid 16 Noviembre del 1942
"Querido hijo Antonio: deseándote sigas bien te escribo para decirte, que ha venido a casa D. Carlos de Borbón, y para decirte que se iba a marchar, con el señor Marqués a Francia y quiere llevarse la escultura que le has dicho; mas al decirle yo que te habías marchado, me encarga que te diga que para el 22 ó 23 ya estés en Madrid que ya no puede esperar más; de D. Manuel hoy ha venido un chico con una tarjeta y te dice que vayas lo antes posible a hablar con él pues las figuras ya pronto harán falta;
"Es cuanto tengo que decirte y le darás cariñosos recuerdos a Jerónimo y familia y a Diego y familia de nuestra parte y tu recibe un abrazo de tu madre
Virtudes."
Por el contexto se desprende que Antonio se encontraba en su pueblo, en Villena, de donde era natural también ella y toda la familia.
BODA DE ANTONIO Y CELIA.
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Comenzaba el verano del 1947. Navarro estaba realizando en Villena una de sus grandes obras, el Monumento a Chapí, encargo del Ayuntamiento de la ciudad natal de ambos, que había firmado el 17 de diciembre de 1946 "comprometiéndose a tenerlo terminado y dispuesto para su inauguración el 1º81947."
Fallecida su buena madre el 4 de febrero de 1945, ya él con 39 años, se en contraba solo ya más de dos años y le repiqueteaba el muchas veces reiterado consejo de su buena madre a quien no le gustaban sus andanzas y sus amistades femeninas de solterón en Madrid. El aseguraba que "las mujeres no influyeron en su obra, ni en sus relaciones artísticas, ni cuando pasaban por su vida como el agua bajo los puentes. Pero su madre "temía" y no le gustaba verlo en lo que ella llamaba "peligros" y le decía que se fuera a Villena y se casara con una chica de allí."
La ocasión de "irse a Villena" se la dio el encargo para la construcción de su Monumento a Chapí y la del Castillo de Embajadas, ambos a realizar en Villena.
La insistencia de su madre que se casara, "que ya vas para viejo solterón y yo me tendré que ir y te quedarás solo" era también "que debería procurar hacerlo con muchacha de Villena porque, entre otras ventajas buenas así no te desvincularás de nuestro pueblo." Cuando tantas veces se lo repetía, él se sonreía, la besaba y le decía que ya lo haría, pero algún día, sin prisa.
Ya estaba larga temporada en su pueblo. El Paseo de Chapí, de Villena, con su hermoso Parterre donde estaba destinada la ubicación de su Monumento y allí está es frío y por ello solitario en invierno, pero cuando la primavera comienza a acariciarlo revive cada año a su caricia la asiduidad de paseantes, tanto en la bondad de sus tardes como en sus amables noches.
El Hotel en el que Antonio se hospedaba estaba situado con fachada a ese Paseo, y desde el balcón de su habitación le gustaba contemplar aquella postal serena.
Por entonces estaba enamoriscado de una alegre y llamativa muchacha de Yecla, de muy bonita figura, que le había presentado una dicharachera huésped del Hotel que era viajante de papelería y objetos de oficina, al oírle un día su preocupación por hallar modelo para una de las figuras femeninas del monumento. Le gustó a primer golpe aquella chica, a la que le encontraba parecido con la famosa artista de cine Carole Lombard, me decía le hizo algunos bocetos, no para la Revoltosa que no la veía en ella, pero sí para la figura de Blanca de Acevedo. Las llevó una noche al Castillo de la Atalaya recitaba le desaparecía su defecto de tartamudez.
Pero su cigarrillo en el balcón contemplando los grupos y parejas del Paseo le llevaban a recordar la voz de su madre aconsejándole que se casara con muchacha de Villena. Veía asiduamente desde el balcón a dos que le gustaban, pero paseaban con sus novios, más que conocidos amigos que él consideraba. Una de ellas era Celia.
Un día la vio pasear acompañada de otro amigo, Pepe Campos y su novia. Al día siguiente coincidió con Pepe Campos y Antonio le habló de lo guapa que era esa chica. Pepe se ofreció a presentársela, lo que le sorprendió porque la veía con novio. Pepe le dijo que era cosa de muy jóvenes y que había terminado con aquel.
Antonio se resistió a que se la presentara alegándole su miedo al ridículo, por su tartamudez, pero le sugirió que como recibía visitas a ver su trabajo en el monumento, aquello podía ser buena ocasión. Como el domingo inmediato había toros, quedaron en visitar su estudio, que estaba frente a la Plaza, al terminar la corrida.
Así sucedió. Allí tuvieron el primer encuentro y se suscitó por el trabajo del escultor, mucho mayor que ella, la curiosidad de Celia, admirada por el hombre que por su arte estaba realizando con figuras de piedra un viejo sueño de Villena.
Celia era efectivamente muy guapa una joven señorita hija de un acomodado agricultor, familia villenense de muchas generaciones. Y pese a la gran diferencia de edad, 20 años, la iniciada amistad se trocó meses después por noviazgo formal.
La anécdota de aquel noviazgo me la contó Celia. A su madre no le cayó bien, por la gran diferencia de edad 20 años, y siempre le disgustó esa circunstancia sobre la que no conseguía que admitiera Celia lo que le razonaba.
En cambio a su padre le complació Antonio desde el primer momento. Había sido amigo de sus hermanos mayores porque entonces, soltero, en casa de sus padres, estos vivían en la misma calle Cervantes donde la familia de Antonio, muy enfrente y como chicos vecinos jugaban los de las dos familias.
Precisamente Celia pudo haber conocido a Antonio meses antes y en otras circunstancias. Ocurrió con su tío José, que había invitado a comer a su casa a Antonio, por aquel antiguo conocimiento familiar por la vecindad en que vivían antes de su traslado a Madrid y su amistad con sus hermanos mayores.
Cuando su mujer, Elvira dijo a su marido que su hija Dora, de la edad de Celia había invitado también a esta y otra amiga, se opuso enérgicamente y ordenó que las chicas se fueron a comer a casa de su hermano Paco, el padre de Celia, ya que no quería correr el riesgo de una comida de mofa por el carácter de las chicas, debido a la fuerte tartamudez de Antonio. Y por tal escrúpulo de su tío José no le conoció antes.
Otra anécdota de aquel tiempo nos cuenta fue lo del vestido de novia. Era costumbre lo regalara el novio. Como Celia tenía una hermana casada en Madrid, se marchó a pasar con ella unos días, y a su gusto, blanca, Antonio le compró la tela para el traje de novia con la que su hermana le hizo un precioso traje.
Cuando llegó a Villena y mostró la tela blanca a su madre, ésta se opuso: "¡Cómo casarse de blanco su hija, cuando el uso general en Villena era con traje negro u oscuro, de calle y solo en muy contadas excepciones, por causa, decía, "de novio con carrera y familia muy principal la novia iba de blanco" En modo alguno su hija se casaría fuera de la costumbre.
Celia insistía en hacerlo de blanco Antonio por hacerse bueno suavemente le decía a su futura suegra que como ella deseara, incluso casarse a las 6 de la mañana con la tela del color que ella eligiere, pues para él lo importante era casarse con Celia . Celia no se dejó doblegar por la rareza de su madre. Al padre le parecía bien, pues que su hija y el novio lo querían. Y que no se hablara más del asunto. Su mujer entonces le replicó: "¡Y querrás tú ir así de padrino!. Pues yo no iré."
El padre, "aunque le correspondía", renunció a ser el padrino. Lo sería su hermano José, el tío Pepe, José López Montilla, hombre cordial, simpático, bien relacionado, concejal, exportador de vinos, amable y familiar. La madrina fue una amiga de Celia, de su edad, también muy guapa, Isabel Rivera.
Se casaron el 31 de mayo de 1949, en Villena, en la Parroquia de Santiago, ante el Retablo con cuyo boceto ilusionado ganó el primer premio del Concurso del Obispado de Cartagena a cuya sede pertenecía entonces Villena, pero que con tanto disgusto había construido por el regateo que, el mismo Párroco que los casaba forzó a la tremenda reducción del hermoso proyecto que la maqueta muestra, y mísera realidad que se contemplaba.
Marcharon en viaje de luna de miel a Palma de Mallorca. En su matrimonio, sin hijos, vivieron compenetrados y felices. En 1974 celebraron sus Bodas de Plata. Por esa efeméride Antonio hizo el busto de Celia, como más ampliamente narramos en la descripción de OBRAS, AUTORRETRATO Y BUSTO DE CELIA.
Cuando Antonio falleció en su casa de Villena, su mano en la de su esposa transmitiéndole su última sensación y sintiendo él la de ella, el matrimonio, indeleblemente unido había existido, 34 años 3 meses y 16 días. (Mayo 1949 Septiembre 1983). Celia, incansable en nuevos aportes al Museo, del que es Presidenta de Honor cada vez estrecha más las idas de su casa de Madrid a Villena, para estar en la madre tierra donde descansa su esposo.
CAMPESINO. Cabeza estudio. Bronce
1923. EXPOSICION DE OTOÑO En el Estudio de su Maestro el escultor Ortell modeló su primera obra de importancia, que hasta el final de su vida la nombra como su más estimada, no ocultando su dolor y nostalgia de ella. Lo contaba así: Aprovechando ausencia de su Maestro por viaje a Italia, que le recomienda constante que dibuje ahora y solo dibuje y ya modelará en su momento, comienza en el propio taller una obra que ya concibe muy en serio, sobre la que había trabajado en un soberbio dibujo y que titula CAMPESINO, que modela en barro. Cuando la tiene casi terminada la ve un amigo de su Maestro Ortell que, sin saber de su ausencia, iba a visitarle. D. Julio Ortega, médico valenciano, paisano, que entusiasmado de ella le preguntó qué destino le iba a dar. Le contestó Navarro que pensaba presentarla en la Exposición de Otoño.
- ¿Así, en barro?
- En yeso, claro, porque ni tengo dinero para fundirla en bronce, ni puedo tener esa pretensión para mi obra.
- Yo pagaré la fundición si luego de la Exposición me la das.
-(Antonio, emocionado ante tan brillante perspectiva para su obra todavía le dice:) Tengo que pedirle permiso a Don Alejandro Berenguer que es quien está pagando para que aprenda aquí y me parecía un abuso a su generosidad pedirle costee fundir un "estudio" en bronce.
- Pregúntale y si te da autorización yo mantengo lo dicho.
Fue Navarro a ver a Don Alejandro y le contó el suceso. Este le felicitó porque su primer trabajo y serio tuviera ya un admirador y un socio y lo pudiera presentar en bronce, con toda dignidad, en la Exposición de Otoño. Así se hizo.
En la Exposición de Otoño llamó la atención ésta cabeza titulada CAMPESINO, vertida en bronce, hasta el punto que hasta los Maestros Orduña y Juan Cristóbal la confundían con las cabezas de "la raza", y la creían obra del escultor de más nombre del momento, Julio Antonio, autor ya, pese a su juventud, de obras sensacionales cual "Los bustos de la Raza"; como el "Monumento a Chapí" en el Parque del Retiro, encargo de la Sociedad General de Autores; el panteón de Lemoniere, obra que por parecerle demasiado hermosa a la familia, a su pronta muerte renunció a la idea que motivó su encargo y la regaló al Museo de San Sebastián, donde se encuentra. (¡Cómo narraba esto Navarro Santafé ya a pocos meses de su muerte! Sus dos grandes admiraciones eran Miguel Angel en el mundo y Julio Antonio en España.)
Pues como obra de este su admirado escultor creían todos que era aquella cabeza titulada CAMPESINO, con la que a los 17 años no cumplidos se dio a conocer Navarro Santafé en la Exposición de Otoño de 1923.
La fotografía de ella, único que le queda de ésta que él siempre nombra como su obra predilecta, la guarda amorosamente expuesta en su Estudio - Museo de Villena, su ciudad natal. Muchos años después intentó recuperarla y visitó al Doctor Ortega manifestándole su deseo pero, aunque con amable cordialidad, le fue claramente negada la idea de desprenderse de ella.
Nos contó hasta la anécdota del modelo: Cuando estaba en plena clase de Caras, Rostros, un día vio a un mozo de cuerda en la Plaza de Santo Domingo, apoyado en una esquina. Le llamaron la atención los fuertes rasgos y la hermética expresión de su cara. Impresionado lo volvió a ver al día siguiente y después de su natural titubeo se atrevió a preguntarle si estaría dispuesto a posar para él. Con toda naturalidad le contestó que sí si le pagaba algo y al preguntarle el joven aprendiz de escultor cuanto quería le contestó: "Una peseta y un vaso de vino". Como tal precio, aunque con esfuerzo, entraba en sus posibilidades le contrató. "El Peseta", que con tal mote le conocían, había sido podenquero en los montes de Toledo. Bastantes años después,, estando de caza Navarro en esos montes comentó con su anfitrión, el Conde de Mayalde, que él de muchacho había modelado la cabeza de un podenquero de aquellos montes y el Conde de Mayalde le dijo: "sería el Peseta", pues tanta fama tenía.
Cuando se comentaba su éxito en la Exposición de Otoño con su obra CAMPESINO, los escultores Orduña y Juan Cristóbal le preguntan que de dónde es, a lo que contesta que de Villena. -
"¡Ah! Villena, importante pueblo. Pues debes escribir - le dicen - al Ayuntamiento de Villena enviándole una fotografía del CAMPESINO y solicitándole que te ayude para completar la que te da Don Alejandro Berenguer."
Y escribió aquel muchacho de 16 años, tan humilde mas ya triunfante en tan prestigiosa Exposición, lleno de ilusión ante el efusivo consejo, al Ayuntamiento de su pueblo en los términos que le habían indicado aquellos dos famosos escultores, adjuntando fotografía de su obra admirada..., pero no recibió respuesta. Más adelante y aprovechando un Concurso de lápidas al Maestro Chapí, convocado por el Ayuntamiento de Villena, al que asistió y cuyo Concurso ganó, aprovechó este "éxito" para volver a recordar a las autoridades de su pueblo natal la petición de ayuda que le pudiera asegurar la continuidad de seguir sus estudios sin tener que ser gravoso en exceso, según pensaba en su humildad, de su desinteresado protector el Sr. Berenguer, pero... de nuevo, nada. Silencio.
LA EXPOSICION NACIONAL
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Ante la inminencia de la fecha de convocatoria de la Exposición Nacional intentó llevar ilusionado su CAMPESINO a ella. Casi 70 años después contaba con dolor redivivo aquella dolorosa desilusión, que pudo haber influido de modo importante en su vida artística: "En vista del éxito de mi "CAMPESINO" en el SALON DE OTOÑO, me animé a exponerlo en la EXPOSICION NACIONAL. Visité al Dr. Ortega y le manifesté mi deseo. El Dr. Ortega me dijo que ya me contestaría. "como pasaba el tiempo y tenía que entregarlo al Jurado de Admisión, volví a su casa y me dijo que lo sentía mucho pero que ya había cumplido conmigo. "Recurrí a un señor Barrenechea - amigo de mi Maestro, pero... nada. El Dr. Ortega se excusó diciéndole que no entregaba el busto por temor a que yo lo vendiera... ¡qué desengaño! Este buen señor no conocía el alma de los artistas.... "En aquella época otorgaban Tercera Medalla por este tipo de obras." Navarro cumpliría para entonces 17 años.
Monumento CAPITAN A. HERNANDEZ MENOR. Villena.1930.
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Piedra. Busto de 0'53 alto, sobre pedestal esculpido de 1'62. Plinto: 40X74 sobre alberca de 0,45X2'32X1'47. Total 3 m. alto.
2.- En la histórica gesta militar que dio fin a la larga guerra que España mantenía en Marruecos desde más de 20 años, conocida la acción como "El desembarco de Alhucemas", en la Playa de Cebadilla, hubo una sola baja entre la brillante oficialidad que inició el desembarco: la del Teniente Angel Hernández Menor hijo de la ciudad de Villena. Fue al amanecer del 8 de septiembre de 1925. El día mayor de los villenenses; el día de la fiesta de su Excelsa Patrona la Virgen de las Virtudes. La alegría de los ejércitos por la victoria no distrajo a las autoridades nacionales de rendir honroso homenaje al heroico militar adelantado en la hazaña de conseguir la anhelada paz a España y dentro de ello fue el traslado de sus restos a Villena, en un furgón de honor en tren especial, ascendido al grado de Capitán con la petición de la más alta condecoración, la Cruz Laureada de San Fernando, acompañado de un miembro del Gobierno y de jefes y oficiales compañeros de su Arma. Villena recibió toda unida en silencio y emocionada el cuerpo muerto de su joven militar, ofrendador valeroso de su vida por la paz en Africa y por el fin de aquella guerra que tantas lágrimas y lutos y dolor había producido en tantos años en tantas familias españolas. Entre las ocho decisiones que adopta el pleno Municipal en su emocionada sesión del 12.9.25 dice la 8ª: Abrir una suscripción para la construcción de un busto que habrá de ubicarse en el Parterre". Navarro Santafé no recuerda cómo y por quien recibió el encargo. Lo relaciona conque por entonces el Ayuntamiento le había concedido el Primer Premio en el Concurso para una lápida en la casa natal del Maestro Chapí, que no se hizo por estimar su costo superior a sus previsiones presupuestarías. Bien por esto o porque lo recomendara algún familiar como joven escultor villenense trabajando en la Corte y ya avanzado en su capacidad artística. Con el boceto terminado viajó a Villena a presentarlo al Ayuntamiento. Consistía en el busto del Capitán Hernández Menor, de uniforme de Húsar de Pavía, sobre pedestal y ante éste una figura corpórea de mujer, vestida con túnica clásica, simbolizando a la Ciudad de Villena ofrendándole el laurel de la Inmortalidad. Rebasaba también el presupuesto económico. El Ayuntamiento le pidió se ajustara a las disponibilidades, cifra que no recuerda pero lo logró cambiando principalmente la figura corpórea de mujer en figura en alto relieve adosada al fuste. Así se aceptó y lo esculpió en piedra en el taller del cantero villenense Francisco Cerdán. Como en 17.1.1929 recibe el Ayuntamiento, con satisfacción que hace constar en Acta, la comunicación oficial de la concesión de la Laureada de San Fernando y cuando se le comunica al escultor ya está acabado el busto, este coloca la condecoración en lo alto del fuste. Se inauguró solemnemente, por nuevo acuerdo del sitio en sesión de la Permanente del 28.8.1930. Asistió en representación del Ejército, según comunicación al Ayuntamiento del Gobernador Militar, el Jefe del Regimiento de la Princesa de Alicante, también ilustre villenense, Coronel Don Eduardo Lobregad. Y en ella estuvo hasta que, se supone que forasteros vandálicos, lo destruyeron en los primeros días de la guerra civil. Pasaron más de 20 años y el destruido monumento de aquel Hijo Predilecto parecía olvidado, aunque se dice no fue así, sino causa de la pobreza del erario municipal. Y aunque se anhelaba y se comentaba con frecuencia la justa reposición, esta se iba demorando consolándose con su enmarcada fotografía en el Salón de Sesiones y su nombre a la antigua calle Mayor, conforme a los Acuerdos 2º, 3 y 6º del Pleno de 1925. Pero hay héroes que llaman a la puerta para servir y ganan, como se dice del Cid, batallas después de muertos. Porque... Durante una cacería en una finca de la Mancha, La Veguilla, a finales de 1965, propiedad entonces de un adinerado villenense, Salvador Amorós Cerdán, cuyas primeras tiradas anuales se hacían con asistencia del Jefe del Estado Generalísimo Franco, ocurrió que dos de los invitados asistían a la fiesta pero no iban a los puestos de caza y se quedaban charlando. Uno era el Capitán General Muñoz Grandes, que fue en Africa Comandante de la Harca a la que pertenecía el Teniente Hernández Menor y bajo sus órdenes estaba el día de su heroica muerte mandando él las fuerzas de la primera sección de desembarco y el otro, el hermano mayor del anfitrión, Cristóbal. Mientras paseaban charlando sobre diversos temas el General recordó a su joven e inolvidable amigo Villena. De algún modo Amorós le dijo que el Monumento que se le había levantado en 1930 (él había sido Alcalde en 1929) y fue derribado en los primeros días de la guerra civil no se había repuesto. Muñoz Grandes le comentó la alta figura del Capitán Hernández Menor, su ardorosa vocación militar, la pena de su muerte aún siendo tan heroica y cómo, de no haber sucedido, hoy llevaría el fajín de general, como llevaban sus compañeros, todos del grupo de africanistas al que pertenecía Angel, de quien dijo se acordaba frecuentemente y de quien guardaba como uno de sus objetos queridos su reloj de pulsera, que él mismo le quitó caído de la muñeca y le regaló, como recuerdo, José, su hermano mayor. Y le dijo a Amorós: "Cuando vaya Vd. a Villena dígale al Alcalde que lo reponga y yo mismo iré a inaugurarlo." Transmitió - según él mismo me contó - este recado del Capitán General al Alcalde, en la primera ocasión que fue a Villena ya a principios de 1956, y lo era, muy recién nombrado, Luis García Cervera, que ilusionado en su quehacer municipal, éste que bien resultó ser un eficaz Alcalde de Villena, llevaba en su programa como primer anhelado importante proyecto el de AGUA Y ALCANTARILLADO a toda la Ciudad, vio en tal información un posible buen asidero para el logro de su buen servicio. Comunicó a su pleno Municipal tal circunstancia y todos interesados en la conveniencia de aprovecharla en bien de la Ciudad se acordó la inmediata restauración del monumento, y ver de traer a su inauguración al Capitán General. Rápido se dio el encargo al cantero F. Cerdán, que tenía en su taller los restos que pudo rescatar de su destrucción. En pocas semanas lo tuvo dispuesto. Entonces marchó el Alcalde a Madrid, acompañado de relevante Comisión, a visitar al Capitán General, e invitarle a su inauguración y que él mismo fijara la fecha que le fuera cómoda. Efectivamente los recibió muy amable el Capitán General Muñoz Grandes, pero les dijo que él no podía ir al pueblo de Hernández Menor solo a levantar su estatua. Se lo afearía él desde el Cielo. El haría por su pueblo en su memoria ayudarles en algo tan importante que tuvieran necesidad de hacer, como el mismo Hernández Menor lo hubiera hecho. "Así que, Alcalde, está muy bien esa reconstrucción del Monumento a tan heroico y glorioso hijo de Villena; inauguren su restauración con toda solemnidad ustedes, pero a mí venga a verme en nombre del Capitán Angel Hernández Menor cuando tenga el proyecto de una gran obra para Villena y la conseguiremos en memoria de nuestro querido héroe, sirviendo a Villena como a él le hubiera gustado servirla." El Alcalde y sus compañeros de Comisión, tan afectuosamente atendidos y en modo alguno desairados, se despidieron, diciéndole en sus últimas palabras el Alcalde: "Vendré pronto con ese importante proyecto, mi General." "Tráigalo cuanto antes, Alcalde, y juntos trabajaremos por él." El Alcalde regresó eufórico a Villena, lleno de esperanza. El día 8 de septiembre de aquel año 1956, en el XXXI aniversario de su gloriosa muerte, en el día de la Virgen, con nuevas generaciones de ciudadanos a su alrededor, se repuso solemnemente el monumento a HERNANDEZ MENOR por el Alcalde y autoridades locales en la misma inicial plazoleta del centro de la población, llamada de la Religiosa Agueda Hernández. Meses después le volvía a pedir audiencia el Alcalde al Capitán General. Le citó Muñoz Grandes, con la llaneza que le era proverbial, en su propio domicilio. Le explicó el Alcalde el proyecto de AGUAS Y ALCANTARILLADO a todas las casas de Villena. Muñoz Grandes lo vio importante y le dijo: "Esto sí, Alcalde, esto sí que vale hacer por mí como por su pueblo lo habría hecho Angel." ¿Qué necesita, de momento?", "Que me reciba el Director General del Banco del Crédito Local, que admita el Proyecto y que nos dé el dinero para hacerlo". Sacó una tarjeta personal, escribió en ella unas letras y le dijo: "Vaya a verlo inmediatamente que, cuando usted llegue, yo ya le habré telefoneado desde mi despacho." Contaba el Alcalde Luis García que en la despedida ayudó, en natural gesto de cortesía, al para que lo hacía del Ayudante de Campo, a que se pusiera la guerrera el General y como éste, tocándole el hombro afectuosamente y animándole a que se diera prisa lo despidió. Marchó el Alcalde al Banco y entró en aquella antesala enorme en la que tantas horas había perdido en espera sin solución o alguna vez apuntándosele solución demorosa, solo atendido por algún segundo secretario tantas veces. Dio la tarjeta del Capitán General a un ujier que de muchas esperas le conocía y ¿pasaría el tiempo como en tantas ocasiones? Inmediatamente se abrió aquella enorme puerta del fondo y delante de ella, el Director General Sr. Fariñas, todo atención y afectuosidad: "Pero, querido Alcalde, le estaba esperando. No había necesidad de molestar al Capitán General. Estaba terminada la operación. Vamos a hacerla inmediatamente." En resumen, días después el Alcalde firmaba la Escritura del importante Crédito, y la obra para dotar a todo Villena de AGUAS Y ALCANTARILLADO se puso inmediatamente en ejecución y sin paralización pronto cumplió su anhelado y útil servicio al bien común. Obra, sin duda la más importante de Villena, cuyo beneficio perciben y gozan los villenenses. Su hijo heroico, el Capitán Hernández Menor, casi a 30 años después de su muerte, había ganado ésta batalla para su Ciudad. Realmente su monumento y su retrato enmarcado en el Salón de Sesiones del M.I. Ayuntamiento, si entonces dedicados por su abnegada y meritísima memoria, ahora por favorecer servicio a su pueblo, de nuevo están para siempre más que bien colocados. Pero esto que no nos hemos resistido a relatar aquí aunque no sea nada más que para que no se olvide, es anécdota valiosa relacionada con la reconstrucción de ésta primera importante obra de Navarro Santafé. Como hemos dicho, el Ayuntamiento, ya con prisa para reconstruir el Monumento, hace el encargo al marmolista Cerdán que guardaba, en depósito, los restos originales de busto y peana, así como los planos y maqueta en alto relieve de Navarro Santafé. Mas ni el Ayuntamiento, ni el marmolista Cerdán por no sabemos porqué, ninguno dijo nada a Navarro Santafé, y la obra se realizaba sin permiso de éste y naturalmente sin habérselo solicitado. Pero como todo se sabe, las noticias vuelan, ésta le llegó a nuestro escultor por medio de un hermano del héroe que le visitó en Madrid, que le habló de cómo por fin se había decidido el Ayuntamiento a reponer el Monumento, lo estaba haciendo de prisa el marmolista Cerdán, de lo que le suponía enterado porque le habrían pedido el permiso correspondiente como autor. Como no era así y como esto representaba llover sobre mojado, Navarro, indignado de que de nuevo le hicieran los de su pueblo víctima otra vez de olvido y daño como había ocurrido años antes con los Peregrinos de la Virgen (lo que contaremos en el relato referente a la Sagrada Imagen) lo primero que hizo fue hablar con su amigo Abogado que le dio nota de los derechos que como autor le asistían por lo que, se personó en el taller del marmolista Cerdán, a quien encontró trabajando en su obra, copiándola, sacándola de puntos, etc. Sorprendido Cerdán se excusó titubeante y reconoció su culpa. Ante esto Navarro desfondó su ira y se limitó